Diario de un Barrioviajero: Un paseo por la costa este estadounidense

La primera toma de contacto con Estados Unidos, el país más poderoso del mundo. En el diario se muestra un recorrido por Nueva York, Washington y Boston. Un viaje familiar de once días por la costa estadounidense, con constantes contradicciones en las que se habla de todo y nada a la vez. Te pasas toda una vida amando y odiando, pero cuando observas la realidad te quedas mudo y atónito. Estados Unidos es sorprendentemente abrumador y apasionante. 

Capítulos

  • China versus Estados Unidos
  • La identidad estadounidense
  • La frontera
  • Nueva york y la locura
  • La zona zero
  • Una ciudad ciertamente grotesca
  • Barrios
  • Agobio
  • Washington como escaparate político
  • Boston
  • Adiós Estados Unidos

 

China versus Estados Unidos

Me encontraba paseando por Wall Street y no paraba de pensar en películas. Pequeñas ideas se iluminaban de repente, consecuencia de veinticuatro años consumiendo la industria cultural estadounidense. Me preguntaba a mí mismo si esto es cómo en las películas; y sí, lo es. Todos los tópicos y todas las imágenes que puedas imaginar, de las que prácticamente todos los ciudadanos de occidente -y de gran parte del mundo- han bebido en los últimos 70 años, son de verdad. Es una realidad dolorosa; el pensar que un país ha dictaminado tanto y ha creado un estilo de vida que aún sigue siendo el hegemónico.

 

La cultura es una base de su poderosa política exterior. En efecto, Estados Unidos sigue siendo una superpotencia en todos los aspectos. Aunque China está creciendo espectacularmente, aún le quedan muchos años para llegar al nivel de los norteamericanos. Y ellos lo saben muy bien. El terrorismo y otras temáticas siguen existiendo en su agenda, pero su futuro rival –y cooperante a la vez-, China, será su principal desafío. Ya estamos en la Nueva Guerra Fría.

La guerra ha empezado

 Imagínate que eres una persona poderosa y aparece otra que cada vez tiene más poder. El comportamiento natural quizás sería intentar mantenerte en el poder y evitar que esa segunda te destrone. Este ascenso chino lleva a los estadounidenses a delirar. Leyendo la ForeignAffaris o TheAtlantic uno se dará cuenta. Tienen miedo de los chinos, pero tienen medios para jugar sus cartas en el tablero.

La identidad estadounidense

Días emocionantes me acompañaban. Afronté el día del vuelo cómo suelo hacerlo: con nervios e insomnio. Realmente no tengo otra manera de hacerlo; el cuerpo y la mente inconscientemente actúan así. Sumándole, además, una ligera resaca que producía un dolor soportable en la sien.

Mi segundo vuelo transatlántico tendría que haberlo afrontado de otra manera, teniendo en cuenta como lo pase en los anteriores. Ocho horas sentado, pero con tu familia alrededor. Mis cascos y móvil no funcionaban bien, así que tuve que apañármelas con agradables conversaciones y con “Identidades asesinas” de Amin Maalaouf. Era sin duda un buen momento para pensar acerca de la identidad, uno de los temas de la actualidad.

El escritor líbano-francés escribió este corto ensayo de apenas 200 páginas en 1999, después de las catástrofes acaecidas desde la caída de la URSS, en la que estallaron conflictos sangrientos motivados, entre otras cosas, por la etnicidad, un componente ubicable en aquello que llamamos “identidad”. En esos momentos, el mundo creía que podía pensar de manera única. Es decir,  existía un consenso para abordar los asuntos internacionales.

Pero ese consenso, marcado por ese idealismo propuesto por Estados Unidos, estalló en 2001 con el ataque terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York. La ciudad alberga un imponente memorial en el lugar de los atentados. Unas enormes fuentes cuadradas, con los nombres de los muertos esculpidos en sus bordes.  Justo al lado está el museo del 11 de Septiembre, en el que por 20 dólares puedes acceder a ver una visita histórica de lo sucedido. Seguramente, la identidad del mundo cambió en ese momento, cuando oficialmente se comenzó la guerra contra el terrorismo internacional. 

En el memorial

La identidad es también especialmente importante en un país como Estados Unidos, fundado por inmigrantes alemanes, ingleses, irlandeses y de diferentes países. La historia de este país es posiblemente una de las más increíbles. Recientes pero muy intensas. De aquellos momentos con Madison y Jefferson, de la Revolución americana, del esclavismo, de la guerra del norte contra el sur, de las voces que alertaban en Europa de una tierra nueva llena de oportunidades, de la guerra con México y los indígenas

La identidad americana hoy en día es consecuencia de todo eso. De mantener el american way of life, es decir, su sistema: la sociedad de consumo.   Bajo los pilares de la libertad económica y la protección de su país han creado el mundo a su parecer. Imperialismos y conquistas que aún siguen vigentes, bases militares y productos  alrededor del globo.

Lo internacional caracteriza a lo estadounidense. Esa multiculturalidad –relativa- y diversidad –relativa también- que habita en Estados Unidos; ese gran nacionalismo que considera a su país y su legado lo mejor, lo más legítimo y lícito. Los encargados de provocar la guerra y a la vez mantener la paz.

Estando en Washington me compré por primera vez la revista Foreign Affairs, la publicación más influyente del mundo en política exterior y visión norteamericana del mundo. En dicho número me llamó la atención especialmente un artículo de Amy Chua llamado “Tribal World”, en el que hablaba de la importancia de los grupos/tribus en las identidades modernas, y que además se estaban acentuando con la globalización.  

Ponía el ejemplo de un experimento científico basado en que a varios niños les asignaban aleatoriamente camisetas de color azul y rojo. Seguidamente, los investigadores mostraban imágenes de otros niños –con camisetas azules o rojas- y les pedían que escogiesen las que más le gustaba, en la que todos los niños apostaban por la de su propio color. Una respuesta lógica en primera instancia. Este pequeño experimento quería mostrar la importancia del grupo como identificación social, ya desde una edad temprana y no solamente en la edad adolescente.

El nuevo debate que recorre los círculos estadounidenses, del que se culpa al populismo, va en relación justamente a esto, en cómo interactúan hoy en día los clivajes clásicos (izquierda-derecha, campo-ciudad, etc.). Es decir, el debate cada vez más se centra en una cuestión identitaria, en el que la ideología, entendida principalmente desde el eje izquierda y derecha, queda en segundo plano.

En “Against Identity Politics”, resumen del nuevo libro que está preparando Fukuyama, se muestran todos estos argumentos, en el que se demanda por una mayor unificación política, a la vez que una lucha racional contra los populismos. Recientemente, Fukuyama afirmó que Marx podía volver.

En Estados Unidos, añadido a la sociedad del espectáculo, la polarización es evidente, con varios ejes –muchos de ellos ligados a la identidad- en disputa: demócratas versus republicanos, blancos versus multiculturales, hombres contra mujeres, campo versus ciudad…. La “Identity Politics” ya nos está afectando a todos. Pero que el color de tu camiseta no te determine tanto, por favor.

La frontera

La frontera de Estados Unidos no la pasa cualquiera. Recientemente, Trump prohibió la entrada a gente proveniente de siete países: Corea del Norte, Siria, Libia, Irán, Yemen, Somalia y Venezuela.

Para una familia proveniente de España con pretensiones turísticas la entrada al país no fue complicada, a pesar de los mitos. Te hacen las típicas preguntas, pero no la clásica de “¿Vas a matar al presidente de Estados Unidos?” que le hicieron a mi padre hace 25 años. Los contactos con el acento americano también se notaron. Acostumbrado a lo escocés y a su educación, esa manera de expresar las cosas a lo americano me chocó.

Al pasar la frontera se notaba ya esa publicidad incipiente que te come, con carteles enormes y luminosos, expresados en cientos de idiomas. Un sistema muy penetrante que dejaba atónito. Al llegar al vestíbulo, fuimos a pedir un taxi para que nos dejase en el barrio de Harlem, donde habíamos alquilado un piso. El taxista pronuncia “Manharan” en vez de “Manhattan”.

Un pequeño skyline

 Millones de personas concentradas en una gigante megalópolis. Bienvenidos a Nueva York, la ciudad que nunca duerme. Las referencias cinematográficas eran constantes y el trayecto a casa fue lo más puro Blade Runner. Siempre me han gustado, o por lo menos sorprendido, esas ciudades que desprenden una esencia apocalíptica y que te dicen abiertamente “todo vale”. Mientras tengas dinero, todo está dicho.

El taxista nos dejó en Harlem, donde se notaba un ambiente muy latino. Llovía a raudales y los propietarios del piso no llegaban, hasta que finalmente nos atendió otro hombre con acento ruso y nos subió al apartamento. Lo de que Nueva York nunca duerme es literal. Calor, mosquitos y música a toda pastilla de bolivianos, que a las seis de la mañana de JetLag se hacía bastante insoportable.

Nueva york y la locura

Nueva York y Estados Unidos, en general, dan miedo por la noche. Es como si toda esa paranoia por la seguridad que tienen desapareciese por completo y te encontrases náufrago en una isla perdida. Ruidos, gente y mil cosas inimaginables en Estados Unidos por la noche, pero seguro que millones de cosas interesantes a descubrir.

Mapa de los Boroughs (distritos) vía NYC Map 360 

Se respiraba cierta anarquía por la ciudad,  estuvieses donde estuvieses. En nuestro barrio quizás se estaba más tranquilo, y se hacía todo más familiar ya que todo estaba en español, desde los supermercados a las peluquerías. Se escuchaba diferentes acentos en todos lados. Mientras desayunábamos estaban sonando canciones de Álex Ubago en la radio. Nos comimos unos enormes platos por diez euros; sí, comer en Nueva York es extremadamente caro y las raciones son gigantescas. 

Con los cafés pasa los mismo. Son todos enormes y valen mínimo cuatro euros. El tamaño pequeño es gigantesco, así que imagínense el tamaño grande.

Paseando por Central Park, el pulmón de Nueva York, se observaba un paisaje curioso: bosques y rascacielos. Me preguntaba cuanto se debería pagar por tener vistas del Central Park desde tu ventana o terraza. O, en general, cuanto cuesta vivir en Manhattan. La habitación oscila los 1500 euros al mes, doblando así la media en Brooklyn, que según me dijeron está alrededor de 800. 

Algo que me llamó especialmente la atención en Central Park fue una gran cantidad de gente variada haciendo jogging (en España llamado running). Blancos y negros, viejos y jóvenes, gordos y flacos. Parecía que en ese día lluvioso (había un ambiente húmedo relativamente agradable) todo el mundo había salido a correr. El Central Park es realmente enorme, y por el pasa incluso varias carreteras. También tiene varios lagos e un teatro. Muchos artistas urbanos y espectáculos. Una mezcla única entre los valores de la urbanización y de la naturaleza. 

Vegetación y rascacielos

En este sentido, cada nuevo rincón del Central Park ofrecía una actividad diferente. Paseando tranquilamente oímos música a toda pastilla, proveniente de una especie de convención del Hip Hop en patines. Gente de todo tipo bailando al son de la música en patines. Un hombre sacó a bailar a mi madre y fue un momento sumamente divertido.

Ese día se visitó el History Museum, del cual pagas 20 euros (todos los museos valen eso). Si eres turista te timan fácilmente pero hay trucos para entrar; en dicho museo había una puerta trasera desde la cual no se pagaba.  Después de eso fuimos a una especie de mercadillo situado a las afueras del museo, en el que había diferentes comidas del mundo y varios puestos callejeros. Esta vez comimos una especie de fideos japoneses con carne muy sabrosos.

Luego subimos al famoso Top of The Rock, conocido por la fotografía de los obreros en el rascacielos, en el que la visibilidad era bastante mala. Se contemplaba un Nueva York aun fantasmagórico sin atisbos de sol.

Times Square, situado a unos diez minutos, es uno de los puntos álgidos de la ciudad, conocido por los famosos anuncios de McDonalds y Coca Cola que te atrapan; pantallas gigantescas que subsconcientemente te dicen que consuman. 

En general la sensación de recorrer Nueva York por primera es la de una locura adictiva, una atmósfera contagiosa con mil misterios. En el que la locura está recompensada. La gente mas loca termina aquí. La gente baila  -sobre todo los negros- en todos lados. 

La zona zero o distrito financiero

La famosa zona zero se encuentra en el sur de Manhattan  y es posiblemente la zona más conocida de la ciudad. Es la zona financiera, donde están las grandes sedes de las empresas transnacionales y multitud de monumentos, tales como la iglesias de la búsqueda (Trinity), el memorial de las Torres Gemelas, el World Trade Center, el centro Calatrava o la estatua del Toro. 

Mapa de Manhattan vía NYC Tourist

Por las calles de Nueva York, y especialmente en esas, vi una cantidad enorme de puestos en la calle, con perritos calientes, hamburguesas, helados y el famoso Pretzel, de origen alemán, un pan duro con sal gorda. Que no mata.

Cuando pienso en la comida enorme y grasienta pienso en el capitalismo, en como esta comida nos hace seres estúpidos sin capacidad crítica. Esta basura es supuestamente útil para desinhibirse pero realmenta te aliena más aun. 

La zona zero es un lugar donde, obviamente, esta de la peor gente del mundo. Lobos de Wall Street de todas los colores, sacando a pasear sus lujoso maletines y sus trajes. En la zona zero debe ser uno de los lugares con más concentración de dinero del mundo. En general, describir la zona zero era muy difícil. Si mirabas arriba te mareabas, y si iba de frentes veías marabuntas de gente, coches, tiendas y comida.

Al final del distrito financero, en el sur de Manhattan, se encuentra el Battery Park, que permite ver a la Estatua de la Libertad (un regalo francés en 1886), el símbolo de Nueva York. Desde allí se puede tomar un barco gratuito que te lleva a Staten Island. Por suerte no me maree y pude disfrutar de unas vistas increíbles marcadas por el impresionante skyline neoyorkino.

Al volver tomamos el metro para ir al famoso Puente de Brooklyn, el más conocido de la ciudad. Estaba repleto de turistas y gente tomándose fotos. Cruzar el puente costó un buen rato. Aunque no lo parezca, las distancias allí son enormes y no vale la pena caminar. Desde el sur de Manhattan hasta el norte tienes unas tres horas en línea recta. 

Una ciudad ciertamente grotesca

La masividad y la variedad neoyorkina llama mucho la atención. Esa combinación de cosas tan diferentes hace de Nueva York algo grotesco, y por ende, interminable a ojos del extranjero. Supongo que debe ser la gracia de la ciudad; al no dormir y estar renovándose constantemente, las actividades nunca acaban y el aburrimiento no existe. 

Hay muchísimos museos, de los más importantes del mundo. El Metropolitan, un recinto gigantesco con miles de estatuas e historia de todas épocas y regiones; y el de Arte Moderno, un edifico espectacular con obras transgresoras que, a no ser que seas un experto, te quedarás igual, como fue mi caso. 

También uno puede ver el pijerío del mercado de Chelsea, en el cual puedes acceder a comer ostras japonesas y ceviche peruano a precios estratósfericos, siguiendo el recorrido de un pasillo eterno de puerta a puerta. Como si estuvieses en Ikea o en el Iceland, pero de proporciones gigantescas y con mucha variedad. 

Nueva York es de alguna manera una capital hípster. Los negocios transgresores, las músicas inéditas y los estilos de vestir únicos e incuestionables aparecen en Nueva York. La mezcla de mentes de diferentes partes del mundo hace esto; una global middle class incipiente. 

Visitamos Naciones Unidas, un edifico diseñado por Le Corbusier, Niemeyer y Wallace K. Harrison e inaugurado en 1952. Existe un recorrido guiado por las diferentes salas, en el que puedes observar el Consejo de Seguridad y la Asamblea de Naciones Unidas, distintas cámaras, exposiciones de fotografías de los líderes… cuantas veces habré estudiado esto durante mi etapa universitaria. Naciones Unidas es el gobierno mundial fallido, una especie de centro de operaciones de política mundial pero que en la realidad,  como todos sabemos, tiene menos fuerza de lo que se cree. Me esperaba más de Naciones Unidas, pero lo vi frío y elitista. 

NNUU

Dentro de Nueva York existe un proyecto urbano llamado Highline, realizado por los vecinos y diferentes asociaciones locales, en el que a lo largo de varios kilómetros hay plantaciones de árboles, flores y diferentes lugares de ocio. Una iniciativa de economía colaborativa que revive en una ciudad demasiada grisácea por sus viejos rascacielos; un camino para desconectar, en el que el humo de la gasolina se combina con las margaritas. 

Añadiendo lugares al recorrido, cabe destacar la plaza de George Washington, una de las más conocidas de la ciudad por su carácter bohemio y contestatario, cercana a la Universidad de Nueva York. Cuando entras en la plaza por la esquina inferior, te esperan 8 negros en mesas en la calle esperándote para retarte al ajedrez por cinco dólares. En la plaza se respiraba cierta cultura underground; había bailes variados, buen rollo y música.

Una visita obligatoria es la Grand Central Terminal, una gigantesca y elegante estación de trenes. Aunque parece más un palacio. En funcionamiento desde 1913, alberga cada día un total de 750.000 visitantes. Además de su potencial como estación, es una de las principales atracciones turísticas de Nueva York, solo por detrás de Times Square

Por último, cabe destacar el metro de Nueva York. Algo frenético e indescriptible. Con más de cien años de historia, alberga hoy en día un total de treinta y seis líneas divididas en 472 paradas, siendo la red de metro más grande del mundo. Además, está abierto las 24 horas del día, en las que en cualquier momento puedes presenciar el espectáculo bullicioso que representa. Su enorme extensión le hace bastante confuso, ya que las mismas líneas de tren pueden tener diferentes carriles, por lo que es muy fácil que te equivoques.

Es bastante claustrofóbico, de aspecto viejo y caluroso, pero con un muy buen funcionamiento, utilizado a diario por millones de personas. Cuesta unos 3 dólares el billete sencillo, pero mediante la compra de otro tipo de tiquets sale más económico. Las curiosidades de este metro se han de palpar, vivir en directo. La gente más rara del mundo va en ese metro, esperando siempre si ir Up Hill o Down Hill. 

Barrios

Nueva York está dividida en barrios de todo tipo, es un popurrí único. Forma parte del gueto histórico que conforman los inmigrantes a Estados Unidos, con esta gran ciudad como referente. Existen barrios de todo tipo y de todos los países en otras grandes urbes del país, como en Chicago y en Los Ángeles. El más conocido seguramente sea Chinatown, y es que en según que sitios de allí parece que estés en Pekín. En una pescadería vi a una abuela china despellejando a un cangrejo en medio de la calle. Aproveché para probar el famoso Kung Fu Tea (te, leche y unos frutos dulces), el cual no me sentó muy bien. 

Chinatown

 Justo al lado de Chinatown esta el barrio italiano (llamado Little Italy), con miles de tiendas de souvenirs y pizzerías que, como dicen las guías, ha perdido toda la esencia que tenía. Además de estos dos barrios conocidos, también existe uno japonés, coreano, ucraniano y a saber qué más. 

Miles de inmigrantes crearon Nueva York a principios del siglo XX, sobre todo después de la Primera Guerra Mundial. La ruta migratoria se basó, en primer lugar, por millones de afromericanos que se desplazaron del sur al norte del país y, en segundo lugar, todos los europeos y occidentales que fueron llegando paulatinamente, los cuales realizaron auténticas diásporas, como por ejemplo los polacos o los irlandeses. Esto es también lo que hace a a Nueva York una capital internacional, siendo la ciudad más globalmente conectada junto a Londres. 

La multiculturalidad es única; nunca había visto esas mezclas, aparentemente harmoniosas, tan concentradas en un lugar. La sensación es que vengas de donde vengas serás bienvenido, siempre que aportes al sistema y sigas el estilo de vida (si puedes, claro). Aunque en dicho sistema, los blancos de alguna manera dominan. 

Es bien sabido que Estados Unidos es un país de inmigrantes, no solamente actuales, si no que sus propios orígenes son así. Pero esa supuesta multiculturalidad, basada en blancos, latinos, negros y orientales está realmente muy fragmentada y segregada, formando así guetos ¿Es una consecuencia del comportamiento humano tribal o una mala gestión política y económica?

La distribución étnica en Nueva York, vía The Graduate Center, Center for Urban Research 

La segregación es evidente. Por ejemplo, Manhattan es esencialmente blanco y el Bronx entre latinos y negros. ¿Es o no es cierta la multiculturalidad? 

Cuando uno paseaba por el Bronx tenía sensaciones completamente diferentes a las de Manhattan. Los edificios eran normal y no estabas completamente rodeado de rascacielos. El ambiente era más familiar y humanizado, en la que cuanto más se ennegrecía el ambiente más altavoces y más niños veías.

Agobio

En Estados Unidos se me hizo normal sufrir experiencias agobiantes. Viniendo de Escocia o de España, el país me pareció carísimo y estresante. La cerveza valía siete dólares y comer en restaurante entre 20 y 30 euros por persona. En general, salarios muy altos pero con una desigualdad enorme. 

Un agobiante helado

También se utiliza plástico en todo, lo que resulta catastrófico para el medio ambiente. Una vez íbamos en busca de comer algo de fruta. Fuimos a un par de supermercados pero no encontramos nada. Solamente había comida basura, pastillas, revistas del corazón, utensilios… y en una nevera, envuelto de plástico, se encontraba una porción de mango cortada a pedazos por el estratosférico precio de cinco euros. Los supermercados grandes como Wall Mart, por lo que parece, se encuentran en las afueras. 

Otros aspecto que llama la atención es el exceso de ruido que hay, principalmente en Nueva York. Motores de potentes coches que rugen y ambulancias y coches de policías con la bocina a mil decibelios. Da la sensación de que haya un hecatombe nuclear por la intensidad en la que se vive la seguridad en Estados Unidos.

Una vez un tipo que conocí en Albania me explicó que Nueva York es la mejor ciudad para hacer couchsurfing del mundo, y que de hecho, es una de las antecesoras de esa manera de viajar. Nueva York, y especialmente Manhattan, es una ciudad de solteros con mucho dinero que viven en imponentes pisos y que, lógicamente, buscan conocer gente y tener experiencias. Las ciudades cosmopolitas llaman a los cosmopolitas, en la que las historias globales se convierten en las conversaciones más increíbles. 

En Manhattan, además, los niños parecen no aceptarse. Coches, ruidos, contaminación y parques rodeados de rascacielos pueden volver loco a cualquiera, y más aun a los más pequeños.  La deshumanización de la ciudad moderna no es apta para el desarrollo personal.

Pese a que en Nueva York haya tantos rascacielos (la segunda ciudad del mundo con más, solamente superada por Hong Kong), muchos de ellos casi centenarios. Aun así es una ciudad moderna y en proceso de modernización, con muchas construcciones en marcha y proyectos urbanísticos que van hacia adelante.

En general, conforme pasaban los días veías más claros los efectos del consumismo, en el que el capitalismo extremo todo se vende y todo se paga. Todo adquiere el valor de mercancía pero a un nivel extremo. El dólar es lo más importante, pero a la vez es un trozo de papel con menos consistencia que el billete de euros. Es un papelajo antiguo.

 

 Washington como escaparate político

La estación central de Washington me recordó, pese a no ser tan espectacular, a la de Nueva York. Enorme y con mil entradas, con una explanada central luminosa en forma de capitolio. Al salir, un calor abrumador en comparación al congelador que suponía el bus. Esto ya es una recomendación casi global: allá donde vayas, lleva siempre algo de abrigo para los trayectos en bus.

Washington es una ciudad muy extraña. Es muy nueva, en plena construcción y muy solitaria. Quizás este último adjetivo está basado en que la visité en verano y, más allá de los monumentos y museos históricos, da una sensación de desolación. Los funcionarios deberían estar de vacaciones.

El capitolio

La sensación era de estar en una especie de ciudad fantasma, creada artificialmente. Básicamente, Washington se basa en el National Mall, un parque que se expande desde el capitolio (Parlamento de USA) hasta el Monumento de Washington, en el cual hay más parques, monumentos y mausoleos alrededor. Al lado también está la Casa Blanca, que apenas se puede ver de a pie, debido a las vallas y la vegetación que la rodean.

A unos kilómetros más allá el cementerio militar nacional de Arlington, en el que están enterradas importantes personalidades de la historia política y militar de Estados Unidos, John F. Kennedy entre ellos.  Washington D.C es, además de la capital administrativa de Estados Unidos, un escaparate político de su historia.

Mapa del centro de Washington vía DC DUCKS

Dentro de Washington hay también muchos memoriales de guerra, como el de la Primera Guerra Mundial; el de Lincoln, con una espectacular estatua del susodicho en su interior; el de los veteranos de la guerra en Corea; y el de Vietnam, entre otros. Todos ellos con sus respectivas consignas y estatuas. A la izquierda del todo está el cementerio y a la derecha el capitolio. 

Washington D.C, también llamado Distrito de Columbia, es como si hablase por si solo. Dentro de la jerga de relaciones internacionales, cuando se habla de Washington, al igual que cuando se habla de Moscú, se le da una importancia política especial a la capital, o más bien es un recurso periodístico en referencia al gobierno del país. Así pues, hablar de Washington es hablar del gobierno de Estados Unidos.

Pero es que es literal, ya que en Washington D.C están las grandes instituciones políticas de Estados Unidos. De hecho, fue especialmente diseñada en el siglo XVIII para ser la capital del país, escogida directamente por George Washington.

Las instituciones políticas son llamativas, pero el complejo museístico gestionado por el Instituto Smithsoniano también impresiona. A lo largo del Mall, a los lados hay diferentes y reconocidos museos como el Museo Nacional del Arte y del Espacio y el Museo Nacional de Historia, muchos de ellos con entrada gratuita. 

Washington D.C es un escaparate político. Y nunca mejor dicho, la política en USA es como un escaparate, un show constante. A la vez puedes ver a un negro fotografiándose con una camiseta anti Donald Trump que a un RedNeck orgulloso paseando con su cocacola XXL.

Más allá del National Mall, en Washington D.C parece que hay poco que hacer. En el centro de la ciudad solamente había grandes multinacionales de alimentación y ropa; cientos de Starbucks y McDonalds. Existe también un barrio chino curioso, donde comimos. Cada ciudad americana tiene un barrio chino con su respectiva y llamativa puerta de entrada que da acceso a los restaurantes de comida china.

Por último, quería hablar del aspecto más decepcionante de Washington D.C. Antes de llegar al hotel, pasamos por manzanas con edificios en construcción. La desolación reinaba en esa atmósfera, en la que había un cierto ambiente de degradación. Muchos yonkis, la mayoría negros, que constituyen alrededor del 50% de la ciudad. Durmiendo en la calle. Había carteles de Drug Free, school zone. ¿Cómo podía ser que en la capital gubernamental estuviese ocurriendo esto? Y es que Washington D.C ha sido históricamente una de las ciudades más peligrosas de Estados Unidos, hoy en día asediada por una epidemia de drogas. 

Boston más europeo

La última parada del viaje era Boston. A diferencia de las dos ciudades anteriores, Boston refleja un clima menos estadounidense. O menos del que quizás me acostumbré a ver por allí. El cansancio y el calor eran enemigos, pero esta agradable ciudad resultaba mucho más relajante que las anterior.  Excepto la zona financiera, repleta de rascacielos, el resto de la ciudad es más atractivo, con barrios muy clásicos como el de Beacon Hill.

Boston, además, tenía un toque más pijo, reflejado en sus precios y sus gentes, en el que los vagabundos pasaban a ser blancos. El plato estrella de la ciudad es el bocadillo de langosta, con un coste de mínimo veinte euros en las zonas turísticas. Alrededor de Quincy Market, muy cercano a zona comercial de la ciudad, hay multitud de bares y un gran mercado. Ese ambiente costero le daba un toque especial.

Probé las langostas y ojo, cuidado con las propinas, que en Estados Unidos son de media entre el 10 y el 18 por ciento del total de la compra. Si no haces eso, los trabajadores te miraran mal. En España nos conocen por dejar pocas propinas, así que prepárate porque quizás te preguntan si no te ha gustado la comida. En Estados Unidos, según comentan, los camareros ganan más dinero con las propinas que con el propio sueldo. 

Si Boston destaca por algo, además de los Boston Celtics y Larry Bird, es por ser una de las capitales universitarias del mundo, donde se encuentra Harvard y el MIT, dos de las instituciones universitarias más prestigiosas del mundo. La visita a Harvard es obligatoria, la cual se encuentra a unos veinte minutos del centro de la ciudad. ¿Qué debe ocultarse en esas bibliotecas subterráneas?

Como era de esperar, Boston también tiene su respectivo barrio chino, en el que todo literalmente está en chino. Había unos viejas jugando a las cartas…¿que nivel de adaptación deberían tener en la sociedad estadounidense? Estados Unidos es un lugar de mini lugares. 

Cartas

El baile de la oca abajo. Por casualidad, un día íbamos caminando Boston y nos topamos con una espectacular orquesta que estaba haciendo un ensayo. Cuando la música empezó a sonar, a la vez que anochecía, las ocas salieron del lago y se dirigieron al césped tranquilamente. Se quedaron disfrutando del concierto, aprovechando también para defecar y dejar el césped lleno de mierda. Seguramente, la mierda de oca ayuda de alguna manera al césped. Cuando la orquesta acabó, las ocas volvieron al lago. Interacciones del mundo animal.

Baile de la oca

Adiós Estados Unidos

Once días deambulando por Estados Unidos son útiles para hacerte una idea de lo que representa un país, aun seguir estereotipando habiendo estado tan poco tiempo y quedando tanto por ver. Pero como me gusta decir: los tópicos configuran la esencia. Una pequeña visión de Estados Unidos es siempre útil, en el que he visto su capital económica, su capital política y su capital universitaria.

Comprender a Estados Unidos es necesario para entender el mundo actual. Su visión exterior, orígenes, estilo de vida, identidad y mil cosas más. Volví solo del país dirección Edimburgo haciendo escala en Londres. 

Ese día lucía orgullosamente los tirantes –con aire acondicionado- que compré en La Habana. Una vez en el aeropuerto, en la zona de control, al dejar mis pertenencias y la sudadera que llevaba, crucé la maquina con los tirantes puestos, a lo que un negro muy enrollado me miró los tirantes y me dijo “La Habana, what’s that?”. No contesté, ya que había pasado el control, por lo que simplemente dejé una sonrisa de complicidad. Cruzar un control estadounidense con unos tirantes cubanos fue, sin duda alguna, un pequeño acto de rebeldía.

 

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