Lo importante es que los libros se muevan

Lo importante es que los libros se muevan

Salí de casa pensando en libros, aunque ninguno en concreto. Hay días que a través de una inspiración divina necesitas darte algún capricho, sea una cena en La Tagliatella o un (o unos) libro. Así que proseguí en mi camino, dirección a la tienda ReRead cercana a Plaza Universidad; es una cadena de librerías de segunda mano, en el cual puedes adquirir libros por dos euros de acuerdo a sus ofertas.

(Seguimos estando muy por debajo otros países en la cuestión de las librerías. En Reino Unido el sistema de libros de segunda mano está mucho más extendido y puedes encontrar auténticas joyas por precios muy módicos; además, los precios suelen ser más bajos.)

Entré en la librería, sin ningún fin concreto, como suelo hacer en ellas. Estuve diez minutos dando vueltas, acercándome a las secciones de política, historia y filosofía, y echando un vistazo más general a la sección de literatura extranjera.

No encontré nada especialmente interesante para adquirir, así que decidí preguntarle a la trabajadora si tenían libros de Ali Bey, un viajero español gran conocedor del mundo árabe de los siglos XVIII y XIX. No sé en qué momento me vino a la cabeza el nombre de este explorador, pero apareció. Sin embargo, la respuesta fue negativa. Justamente alguien había reservado el último libro de la tienda de este autor.

Seguí buscando, y me fui a la sección de política, lugar donde anteriormente no había encontrado nada. Rebusqué. El primer descubrimiento fue un libro llamado “Asia central” de Gavin Hambly, uno de la edición Historia Universal Siglo Veintiuno. Pese a tratarse de un libro de 1966, decidí seleccionarlo. No tenía libros de Asia Central en mi biblioteca, y es una región sumamente importante en el mundo.

La segunda víctima fue “Cabeza de Turco” de Günter Wallraff. Es uno de mis libros preferidos y la edición que tuve había desaparecido de mi estantería. Trata de las anécdotas de un periodista alemán haciéndose pasar por un turco en Alemania en los años ochenta, mostrando así constantes actos racistas y demás vejaciones. Casualidades de la vida, había estado pensando en ese libro acerca de una experiencia fabril que tuve, y a raíz de eso descubrí el término “Wallrafear”, que hace referencia a adoptar identidades ficticias mientras uno trabaja. Lo escogí pero se lo regalé a mi tío.

Seguidamente, un libro que también conocía apareció de repente, “Colonialismo y neocolonialismo”, del año 1973. Lo había utilizado en la carrera y estaba escrito por mi propio abuelo Mateo Madridejos, el mismo que me lo prestó unos años atrás, y que tuve que devolverle. Hay libros que vuelven y otros que no. Hoy en día debe estar en alguna biblioteca de Jaén.

La sección de política parecía que ya no daba para más, por lo que fui a preguntar a la trabajadora si tenían una apartado de literatura de viajes, otro género que me interesa profundamente. Tras sus amables indicaciones, fui a echar un largo vistazo, aunque en su mayoría eran guías. Luego de una búsqueda intensiva, encontré  “A flag worth dying for” de Tim Marshall, con la edición estadounidense de tapa dura. Un libro de 2016 que cuesta alrededor de 25 euros. Casualmente hacía unos meses me había leído el superventas “Prisioners of Geography” del mismo autor.

Ya llevaba cuatro libros, y para conseguir la oferta de los 10 euros necesitaba uno más, pero no lograba decidirme y no quería más peso en mi mochila, que también cargaba un kimono. Seguí adentrándome hasta que, por casualidades de la vida, encontré un libro de Alí Bey que se llamaba “Viatges d’Ali Bey”. Obviamente era la decisión definitiva y un revés a la información proporcionada por la trabajadora. Este último libro acabó en manos de un amigo al cabo del rato.

Al final, acabé gastándome diez euros en libros, quedándome tres y regalando dos. La aventura librófila fue especial debido a las tremendas casualidades, pero al igual que hacen las librerías de segunda mano, lo importante es que los libros se muevan.

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