Sobre el Género y los conflictos armados

Todos somos conscientes -o deberíamos serlo- de que uno de los sistemas sociales que regulan nuestras conductas es el patriarcado. La propia RAE concibe al patriarcado como una “organización social primitiva en que la autoridad es ejercida por un varón jefe de cada familia, extendiéndose este poder a los parientes aun lejanos de un mismo linaje”. Este concepto representa una de las fuerzas motrices de los estudios de género y, sin embargo, las definiciones que ofrecen los diccionarios son cutres y simplonas.

Quién tiene el poder del lenguaje y de la narración de los acontecimientos domina la sociedad. No somos conscientes, por ejemplo, de la influencia que puede tener la Real Academia Española en nuestro lenguaje. Dominan el significado de las palabras. Los lingüistas, desde Pérez Reverte hasta Félix de Azúa, tienen un poder enorme. Además, son una casta de carcamales que se creen por encima del bien mal y que su modestia brilla por su ausencia. Ese grupo de supuestos intelectuales tienen la capacidad de decir si X palabra debe incluirse en la RAE y como debe estar escrita. Ellos narran la historia de la lingüística española. ¿Qué esperamos pues? Y, sobretodo, ¿qué esperamos, si solamente hay 5 mujeres en la RAE?

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Comúnmente, se mitifica a la democracia griega como un ejemplo de toma de decisiones públicas, de asambleas, de poder del pueblo. Pero en la democracia griega solo tenías derecho a participar en la res publica si eras varón, mayor de 30 años y rico. Esclavos, mujeres y niños quedaban excluidos. Este es solo un ejemplo de la situación de las mujeres a lo largo de la historia. Se recuerda, pues, al pueblo griego como un pueblo democrático. Pero ¿qué pasaba con las mujeres? ¿si las mujeres hubieran narrado la historia, la historia sería diferente? Con esto no pretendo hacer una crítica hipócrita y visceral al sistema griego, sino intentar señalar el rol de las mujeres en el mismo.

La historia de la humanidad es la historia escrita por los hombres. Las mujeres han comenzado a tener poder a partir del siglo XX, pero aún están muy por debajo de los hombres. La gran mayoría de escritores, conquistadores y políticos de la historia han sido hombres. En el caso de los conflictos armados sucede exactamente lo mismo. Quien narra la historia crea la historia. Un conflicto armado no es solamente una lucha entre hombres. Las mujeres, que cada vez participan más, tiene un rol muy importante.

La visión femenina, diferente a la del hombre, ayudaría sin duda alguna a explicar mejor los conflictos armados actuales. Y además, ayudaría a resolverlos mejor. Hay muchos estudios que lo corroboran. Pero no necesitamos voces femeninas únicamente para mostrar una narrativa diferente y más rica, sino que es necesario incluir medidas para que las mujeres tengan una mayor representación en los organismos de toma de decisiones. Hay varios motivos para ello. En primer lugar, la igualdad de género, que representa un derecho fundamental. Es cuestión de justicia social. Por el mero hecho de ser un humano tienes derecho a tener derecho. Naciones Unidas lo tiene como objetivo:

“Si bien se han producido avances a nivel mundial con relación a la igualdad entre los géneros a través de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (incluida la igualdad de acceso entre niñas y niños a la enseñanza primaria), las mujeres y las niñas siguen sufriendo discriminación y violencia en todos los lugares del mundo. La igualdad entre los géneros no es solo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible. Si se facilita a las mujeres y niñas igualdad en el acceso a la educación, atención médica, un trabajo decente y representación en los procesos de adopción de decisiones políticas y económicas, se impulsarán las economías sostenibles y se beneficiará a las sociedades y a la humanidad en su conjunto.”

En segundo lugar, el género femenino también tiene una incidencia importante en la seguridad. El propio Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha adoptado varias resoluciones sobre estas temáticas. Se considera que la presencia de mujeres en los órganos de toma de decisiones resulta un factor fundamental para la prevención y la gestión de los conflictos armados y para consolidar la paz.

La Resolución 1325, aprobada el 31 de octubre del año 2000, que forma parte de aquellas cuestiones de la temática “Mujeres, paz y seguridad”, fue la “primera resolución del Consejo en que se trató el efecto desproporcionado y singular del conflicto armado en las mujeres”.

En general, habla sobre una mayor participación y representación de las mujeres en los órganos de gestión y resolución de conflictos, así como una “urgente necesidad de incorporar una perspectiva de género a las operación de mantenimiento de paz”. Entre sus 18 artículos, podemos señalar algunos de los más relevantes:

“1. Insta a los Estados Miembros a velar por que aumente la representación de la mujer en todos los niveles de adopción de decisiones de las instituciones y mecanismos nacionales, regionales e internacionales para la prevención, la gestión y la solución de conflictos;

  1. Alienta al Secretario General a que ejecute su plan de acción estratégico (A/49/587) en el que se pide un aumento de la participación de la mujer en los niveles de adopción de decisiones en la solución de conflictos y los procesos de paz;
  2. Insta al Secretario General a que nombre a más mujeres representantes especiales y enviadas especiales para realizar misiones de buenos oficios en su nombre y, a ese respecto, pide a los Estados Miembros que presenten al Secretario General candidatas para que se las incluya en una lista centralizada que se actualice periódicamente;
  3. Insta también al Secretario General a que trate de ampliar el papel y la aportación de las mujeres en las operaciones de las Naciones Unidas sobre el terreno, y especialmente entre los observadores militares, la policía civil y el personal dedicado a los derechos humanos y a tareas humanitarias;
  4. Expresa su voluntad de incorporar una perspectiva de género en las operaciones de mantenimiento de la paz, e insta al Secretario General a que vele por que, cuando proceda, las operaciones sobre el terreno incluyan un componente de género;”

Otra resolución relevante es la 2242 (2015), la última realizada hasta la fecha. Esta resolución tiene la voluntad de entrar en un nuevo paradigma, ya que se hace hincapié en la necesidad de empoderar a las mujeres y a las niñas así como en la igualdad de género para la prevención de los conflictos y el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. Una de las partes del preámbulo de la resolución dice lo siguiente:

“Acogiendo con beneplácito el hincapié en el logro de la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas que se hizo con la reciente aprobación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, reafirmando que el empoderamiento de las mujeres y las niñas y la igualdad entre los géneros son fundamentales para la prevención de los conflictos y la labor más general de mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales,”

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Las estadísticas corroboran los supuestos: cuanta más presencia de mujeres hay en las negociaciones de paz y en los órganos de toma de decisiones, más posibilidades de paz hay.  ONU mujeres explica que la participación de mujeres en acuerdos de paz aumenta en un 20% que la probabilidades de paz duren al menos dos años. Las mujeres en el mantenimiento de paz son fundamentales. “La intensificación de la contratación de mujeres reviste una importancia decisiva para lo siguiente”:

  1. Empoderar a la mujer en la comunidad anfitriona;
  2. Ayudar en la realización de exámenes médicos a las excombatientes;
  3. Ayudar a las excombatientes durante el proceso de desmovilización y reintegración a la vida civil;
  4. Ampliar la red de reunión de información;
  5. Realizar acordonamientos durante la búsqueda de mujeres;
  6. Entrevistar a las supervivientes de la violencia basada en la violencia;
  7. Servir de mentoras a las mujeres cadetes en las academias militares y de policía;
  8. Interactuar con las mujeres en sociedades donde a las mujeres les está prohibido hablar con los hombres.

Además también permite lo siguiente:

  1. Ayudar a mitigar los conflictos y enfrentamientos;
  2. Mejorar el acceso y apoyo a la mujer local;
  3. Empoderar a las mujeres en la comunidad;
  4. Fomentar un mayor sentido de seguridad en la población local, en particular las mujeres y los niños;
  5. Ampliar los conocimientos y estilos disponibles en una misión de mantenimiento de la paz.

El aumento de la participación política de las mujeres en la resolución de conflictos y en la consolidación de paz es imprescindible para que estos mecanismos funcionen mejor en todos los sentidos. Es necesario un empoderamiento de la mujer en todos los aspectos. Es un obligación política y jurídica, pero sobretodo es una cuestión ética. Por ser humanos ya tenemos derecho a ser todos iguales, sin importar distinciones de género. La voluntad política, sumada de una mayor concienciación de hombres y mujeres sobre la importancia de la igualdad de género y la participación de la mujer en la toma de decisiones, es un requisito indispensable para que el mundo funcione mejor.

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