Diario de un Barrioviajero: 30 días en Cuba. Guía didáctica, anécdotas y análisis sobre temas generales (2, Cienfuegos y la sociedad cubana)

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Cienfuegos, a 230 km de La Habana, es la siguiente parada de nuestra ruta por la isla. Casualmente es el nombre de mi calle en Barcelona, ya que en el barrio donde resido hay muchas calles que tienen nombres de los Indianos, catalanes que iban a hacer dinero a Cuba. Mi barrio también tiene calles con nombres de ciudades cubanas como Pinar del Río o Matanzas. Más allá de esta curiosidad, Cienfuegos es una realidad totalmente diferente a La Habana. Pasamos prácticamente de 2 millones de personas a solamente 150.000. Lo que supone más tranquilidad, calles más anchas, arquitectura diferente, menos suciedad, acento ligeramente diferente y menos gente. En Cuba apenas hay edificios altos, solamente unos pocos en La Habana y en Santiago, lo que supone un descanso visual importante. Imaginaos mirar al horizonte y ver selva en vez de edificios altos.

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Calles de Cienfuegos

Nos hospedamos en el barrio de Punta la Gorda, un barrio residencial rodeado por la costa. La casa de alquiler no era lo esperable y vivíamos superapretados. Cienfuegos, como La Habana, también tiene un bonito Malecón y un centro histórico agradable y bien conservado. No tiene grandes cosas a visitar, más allá de dar un paseo por el centro y visitar la Plaza José Martí. Ahora que ha salido este nombre, voy a dignarme a explicar unas palabras sobre él. Junto a Simón Bolívar, es el mayor libertador latinoamericano. En Cuba dicen que el siglo XX ha sido el de Fidel, mientras que el XIX fue el de Martí. Hay cientos de mausoleos y mensajes de él a lo largo de toda la isla. En líneas generales, fue un importante político, estadista, revolucionario, poeta y un sinfín de cosas, pero sobre todo lideró la guerra por la independencia de Cuba contra España. Es el héroe nacional de Cuba por excelencia.

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La estancia coincide con los carnavales de la ciudad y además los tenemos a menos de cinco minutos caminando, por lo que los escucho todo el día. La canción de La Macarena me despertó a las 3 de la mañana. Música latina a toda pastilla, como en toda Cuba. Probé la cerveza de pipa, una asquerosa e insalubre bebida que cuesta 15 céntimos los 700 ml. A saber qué llevaría. Pero, vamos, que los carnavales están de lujo y hay muy buen ambiente. En Cienfuegos dormimos dos noches, pero tuvimos la visita de la “enfermedad del viajero” -que posteriormente explicaré-, que sacudió nuestros estómagos y nos vimos obligados a tomarnos un descanso.

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Mausoleo al Che Guevara en Santa Guevara

Aprovechamos también para ir a Santa Clara, ciudad en la que está el mausoleo de homenaje al Che Guevara. Allí, uno puede disfrutar del enorme panteón del guerrillero, un museo gratuito sobre su historia (con el aire acondicionado a tope) y una sala con las tumbas de los revolucionarios caídos en la Batalla de Santa Clara. Ernesto Guevara, otro de los líderes de la Revolución y de procedencia argentina, recorrió América Latina y conoció a Fidel en México. Desde sus primeras tomas de contacto con la Revolución cubana se mostró muy entusiasta y decidió participar, convirtiéndose en uno de sus exponentes. La Batalla de Santa Clara es especialmente trascendente en la vida del Che, ya que fue el comandante que lideró el ataque a unos trenes que llevaban armamento. Los acabó capturando y Batista tuvo que huir del país.

Después de ir a Santa Clara nos dirigimos a la mejor playa de Cienfuegos, llamada Rancho Luna. Pasamos una agradable tarde, relajándonos y descansando con agua cristalina.

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La sociedad cubana

En este tercer capítulo vamos a tratar un tema que he llamado “Sociedad cubana”. El término en sí es muy complejo y no pretendo entrar en un denso debate, así que los temas tratados van en torno a “cómo es la gente”. Un término que me gustó especialmente fue el de cubanía, que hace referencia al estilo de vida cubano. Y esto es, al fin y al cabo, lo que yo personalmente intenté en el viaje: vivir con ellos, hablar con ellos, aprender de ellos e intentar entenderlos. El estilo de vida de los cubanos es un ritmo pausado, tranquilo y sin mucho estrés. El cubano es, de por sí, un ser muy sociable, hablador y extrovertido. Su actividad preferida es charlar, sobre cualquier tema y con quién sea. Sacar las mesas y los sillones a la calle, como en algunos lugares de Andalucía. Es estar paseando, sentado en una plaza o haciendo cualquier cosa que aparecerá un cubano y entablará conversación contigo.

Por eso digo que en Cuba la actividad que más he realizado, y con la que más he aprendido, ha sido justamente ésta. Interactuar con ellos, conocerlos, tener contacto. Comúnmente nos confundían con argentinos, chilenos o italianos, y si nos reconocían como españoles, nos llamaban vascos. “Oye papi”, “Mi amol”, “Asere”, “¿Dónde está tu jevita?, son frases que te suelen decir. Además de charlar, son aficionados al dominó y al ajedrez. Sacan mesas a la calle y se ponen a jugar. Y, normalmente, hay espectadores viendo las partidas. También les gusta pasear, bailar, cantar, beber cerveza y ron (sobre todo blanco), etc. En general, sus costumbres del día a día están orientadas a hacer vida en la calle. En cuanto a las tradiciones culturales, por ejemplo las celebradas en Navidad, son compartidas con España.

Paseando por el Paseo del Prado de La Habana recuerdo una conversación que escuché entre dos cubanos que me hizo pensar en el carácter de la isla. La situación era la siguiente. Estaban dos pintores hablando entre ellos y de repente uno le pide algo al otro y este último reniega, por lo que el primero dice: –“¡Asere! ¿es que no te enseñaron los valores de la Revolución? ¿Dónde está el altruismo y la solidaridad de los cubanos? ¿Dónde?”. Esta frase me dejó marcado y le estuve dando vueltas durante unos días. ¿Es la historia la que ha hecho propio del carácter cubano la dignidad, la solidaridad y el altruismo o es la Revolución la que ha inculcado estos valores? ¿Es la educación la clave de todo? Son preguntas que no se pueden responder, pero una cosa observable dentro de la cubanía es la solidaridad que existe entre ellos, o por lo menos esa sensación tuve. En líneas generales, los cubanos se ayudan entre sí. Tienen contactos por toda la isla y se apoyan entre ellos. Esto no quiere decir que no haya gente que se mueva por intereses. Aun así, esta impresión de pueblo, esta identidad colectiva solidaria, es difícil verla en España, donde cada uno mira para su propia casa; el individualismo es mucho más palpable.

La juventud cubana fue también uno de los debates constantes que tuvimos en el grupo. En cuanto al pensamiento revolucionario se refiere, desde el primer momento tuve la percepción de que había una gran diferencia entre jóvenes y adultos. Pero no nos engañemos: es algo que siempre ha ocurrido. La juventud trae la fuerza, las nuevas ideas, las ganas de cambiar las cosas. No podemos menospreciar a la juventud como sujeto, sino que tenemos que llegar a comprenderlo. Como persona ubicada en esa etapa vital, relacionarse con cubanos de la misma edad es completamente necesario. Sin embargo, hablé más con gente mayor que con jóvenes. La primera impresión que tuve sobre la juventud cubana fue algo así cómo: “La juventud ha perdido los valores revolucionarios y se encuentra afectada por una nueva era de Internet, de influencia del reggaetón y de peinados “de estilo”, de apariencias en cuanto al ropaje. Una juventud perdida”. ¿Realmente ocurre eso?, ¿existe una juventud sin futuro en Cuba?, ¿no os recuerda a algo esto de juventud sin futuro?, ¿o es que realmente es una situación global?  Sin embargo, más allá de lo que uno ve en los videoclips de Miami, hay una juventud organizada, sobre todo en el ambiente universitario. Conversaciones con jóvenes tuvimos bastantes: algunos estaban “perdidos”, otros confiados de la Revolución, otros occidentalizados…

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Bebiendo ron hasta que se seque el Malecón

El interés por esta cuestión me llevó a comprarme un libro sobre la juventud cubana, Socialización de adolescentes y jóvenes: retos y oportunidades para la sociedad cubana actual, de María Isabel Domínguez, Idania Rego y Claudia Castilla. Leyéndolo por encima me gustó una evolución que plantean sobre la juventud cubana, dividida en cinco etapas. Una primera (1960-1970) en la que la “juventud es un actor protagónico de la transformación social gracias a la Revolución y se convierte en un sector realmente estratégico para el desarrollo de la nación”. En la segunda (1970-1985), “los estudiantes comienzan a configurarse como un grupo etario, en el que el número aumentó gracias a la universalización de la educación y se centraron más en un ámbito educativo”.  La tercera etapa (1985-1990) se caracteriza por un incremento de la participación popular y el surgimiento de nuevas organizaciones. En la cuarta (1990-2000), la crisis económica afectó a la juventud, dificultando su inserción laboral y produciendo un mayor repliegue a metas menos colectivas. Dentro de la juventud proliferaron la prostitución, el alcoholismo y las conductas violentas. En la última etapa que describe el libro (2000-?), la juventud se vuelve más heterogénea. Los estudios de las investigadoras nos muestran la complejidad de la socialización juvenil cubana, que se encuentra en un proceso de mutación constante y que factores como Internet, el turismo y la globalización afectarán en gran medida a este estrato social.

En cualquier caso, Cuba se enfrenta a otro problema: el descenso de la natalidad, que le ha llevado a ser el segundo país más envejecido de América tras Uruguay. De no cambiar la situación, las proyecciones demográficas indican que la población cubana se estancará o incluso empezará a perder población en pocos años.

Lo que yo personalmente he llamado “cultura del piropeo” o “cultura del ligoteo” es una manera de decir que los cubanos son más calientes. El término caliente, expresado por mi parte sin un tono peyorativo, hace referencia a una mayor sexualización -un antropólogo o un sociólogo me mataría por esta palabra, pero es la que me viene a la cabeza- de la vida cotidiana, en el que ligar es fácil y no les da vergüenza, y en el que el piropo es una de sus bases. En Occidente, el piropo muchas veces está asociado al retrogradismo y es interpretado muchas veces como machismo. En Cuba, la “cultura del piropeo” cambia todo eso. El piropo, según explicaban las cubanas, es visto como un halago y es lo común. Cómo turista-blanco-occidental con plata, los piropos eran constantes. Porque en este sentido, no son unidireccionales hombre-mujer, sino que la mujer cubana también piropea. Por la calle, de vez en cuando, me silbaban, me mandaban besos e incluso a veces te cogían del brazo.

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Foto grupal feliciana en la plaza José Martí de Cienfuegos

Y una frase que me hizo mucha gracia fue: “Usted está biutiful, está de muy buen ver”. Al principio hace gracia, luego acabas pasando. Además, están obsesionados con tener pareja. En la playa de Bacuranao, hablando con unos niños de 4 años, no paraban de decirme si yo y una amiga del grupo éramos novios. Y al responderle que no, se extrañaban. Esta situación era constante. “¡La jevita, papi!, usted necesita una cubanita pa’ estar feliz”.

Cuando hace unas páginas hablaba sobre el cambio de lentes necesario para comprender otra sociedad, con este tema ocurre lo mismo. Aunque uno tenga un pensamiento específico, cuando conoce a otra cultura tiene que intentar adaptarse. Con esto no quiero decir que la cultura lo justifique todo. No. Pero en este caso, el feminismo occidental es muy diferente del feminismo del socialismo cubano. Aunque los patrones patriarcales se sigan reproduciendo, la Revolución dio mucha importancia a la igualdad de género y se lograron importantes avances en materia legal y social. Por ejemplo, una cuestión que planteaban mis amigas feministas era sobre la violencia de género (sobre todo entendida como la violencia física directa). Es decir, mientras que en España cada año mueren más de 60 mujeres asesinadas a manos de sus parejas, en Cuba el feminicidio no existe de esa manera. Uno de mis amigos estaba hablando con una universitaria que nos hacía de guía y le mencionamos el tema. Mi amigo le preguntó si sentían acosadas por los piropos y ella no logró entender bien la pregunta. Los piropos están insertos en la sociedad cubana.

Por último, en este capítulo sobre la sociedad cubana hablaré sobre la multiculturalidad, el racismo y la homofobia. Para situarnos en contexto, antes de que Colón pisara Cuba en 1492, la isla estaba poblada por indígenas caribeños, pero la llegada de los españoles supuso su progresiva desaparición bien por matanzas bien por enfermedades, por lo que actualmente no quedan poblaciones amerindias puras. Durante el periodo colonial, no obstante, se inició un cierto mestizaje que aún es perceptible entre las poblaciones locales. Finalmente, la llegada de miles de africanos transportados como esclavos entre los siglos XVIII y XIX acabaría configurando la actual diversidad racial de la isla. El mestizaje que se estaba creando era una combinación entre blancos, que hoy suponen el 64% de la población (esencialmente españoles, y en menor medida franceses e ingleses, aunque estos apenas se relacionaban sexualmente), negros y mulatos.

Las poblaciones negras o mestizas son dominantes en tres de las dieciséis provincias cubanas: Santiago, Granma y Guantánamo.

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Como se describe en el libro La isla de Cuba, de Hippolyte Pyron, en la sociedad cubana del siglo XIX existía un fuerte racismo. Los negros estaban bajo el yugo de la esclavitud e incluso los mulatos eran racistas con ellos. “Cuando se realizaba la trata de negros en forma abierta –explica Pyron-, se les encerraba en Cuba, como cerdos en una especie de cobertizo; allí el público iba a comprarlos en igual forma que se hace con la bestias; se les vendía a un precio vil y por decenas” […] “Los derechos otorgados a los negros se reducen a cuatro, que son los siguientes: 1. La facultad de casarse a su gusto; 2. La facultad de buscar amo menos seguro; 3. La posibilidad de comprar su libertad mediante el trabajo u obtenerla como recompensa por sus buenos servicios; 4. El derecho de poseer algunos bienes y de pagar, en consecuencia, por la libertad de sus mujeres y de sus hijos”. Aun así, los cuatro supuestos derechos eran violados sistemáticamente. Por ello, en esas épocas ya comenzaron a aparecer algunas organizaciones en defensa de los negros.

El libro de Pyron, escrito desde la perspectiva de un académico francés que decide conocer Cuba, también describe otros elementos interesantes como la relación de los catalanes con la isla. “Cataluña, por sí sola, suministra un mayor contingente de habitantes a Cuba que el resto de España, así pues el comercio de la ciudad (Santiago) está casi enteramente invadido por los catalanes, quienes acaparan cuanto pueden”.

La Revolución consiguió unificar bajo la legalidad a las culturas cubanas, dándoles los mismos derechos, con el objetivo de crear una sociedad multicultural libre, sana y sin racismo. Pese a ello, muchos asuntos quedaron pendientes, ya que las condiciones sociales de los blancos eran mejores que las de los demás.

Un aspecto interesante que me comentó mi padre antes de viajar a Cuba fue precisamente el del racismo latente. Y me formulaba las siguientes preguntas: “¿Por qué los ilustrados cubanos normalmente son blancos?, ¿por qué los revolucionarios del 26 de Julio también lo son? Estuve dándole vueltas al tema y conversando con cubanos para intentar averiguar sobre ello. Las razones que logré sacar, pese a sus complejidades, giraban en torno a la huella dejada por siglos de esclavismo. También me sorprendió un argumento que me dieron: “En la Revolución, originada en Oriente, la mayoría eran cubanos emigrados del este de la isla, en la que predominaban los blancos”. Recuerdo, por ejemplo, la visita al Museo de la Revolución en La Habana, en el que la mayoría de los líderes revolucionarios eran blancos y apenas había negros. En este sentido, uno de los objetivos de la Revolución ha sido unificar socialmente a los cubanos, más allá de las razas. Pero a partir de la llegada del turismo y el periodo especial de los años 90, el racismo pareció volver.

Me compré un par de libros más sobre el racismo y la multiculturalidad. El primero, Las relaciones raciales en Cuba, un estudio de varios antropólogos cubanos, explica que “en los años noventa del pasado siglo, durante la crisis socioeconómica ocurrida en Cuba, comenzaron a reproducirse desigualdades hacia la población negra y mestiza en menor grado, fundamentalmente en la estructura sociolaboral, las formas alternativas de ingreso económico y la ocupación del espacio urbano y la vivienda” y en consonancia a la huella antes mencionada “En Cuba, el racismo encontró, en la explotación de la mano de obra del negro esclavo durante la Colonia y en las estructuras de dominación en las que devino luego el capitalismo dependiente, condiciones propicias para afirmarse profundamente en las ideologías, la psicología social y las prácticas cotidianas”. El propio José Martí decía que “Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro. Cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro”. En el segundo libro, Una nación para todos, de Alejandro de la Fuente, un análisis de  la evolución de las desigualdades de raza en el siglo XX, el autor explica la complejidad del fenómeno y cómo éste llega a afectar a todas las esferas sociales.

Quería hacer una pequeña mención a la homofobia en Cuba. Pese a que tienen una ligera cobertura legal, en general los movimientos LGTB no son muy aceptados socialmente. Pese a varios intentos de reforma dentro de la sociedad cubana, aún quedan muchas qué hacer. La hija de Raúl Castro, Mariela, está moviendo hilos al respecto.

SIGUIENTE CAPÍTULO (3, Trinidad y la cultura cubana)

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