Diario de un Barrioviajero: 30 días en Cuba. Guía didáctica, anécdotas y análisis sobre temas generales (4, Camagüey y la gastrononomía cubana y demás)

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A Camagüey, el ecuador del viaje, llegamos tras dos semanas viajando por la isla. Con 323.000 habitantes, es la ciudad más poblada de Cuba  después de La Habana y Santiago. Y personalmente es también la que menos me ha gustado del viaje. Tiene un centro histórico decente, bien conservado y agradable, a la par que laberíntico. Apenas estuvimos dos días y uno de ellos lo malgastamos en la mejor playa que estuvimos de Cuba, Santa Lucía.

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Bonita Santa Lucía

El recibimiento en Camagüey fue extraño de por sí. Para evitar timos, entre algunas casas de alquiler se usan contraseñas. En este sentido, para poder entrar al piso y tomar contacto con la familia, teníamos que decir una palabra secreta, que era el nombre de la anterior casa. Nos recibió una vieja que nos causó malas sensaciones desde el primer momento. La entrada de la casa estaba plagada de peluches y era todo superhortera. Tenía una terracita agradable. El problema de la mujer era lo precavida que era con la seguridad. Era una obsesa y no se iba a dormir hasta que nos fuésemos nosotros. Nos intentaba controlar y nos daba consejos absurdos.

No tuvimos contacto con la gente de Camagüey. Lo que más me gustó fue un restaurante que se llamaba La Tula, que era baratísimo y en el que la comida estaba muy sabrosa. El segundo día en la ciudad fuimos a la playa de Santa Lucía, a más de una hora de camino. Era una preciosa playa de aguas cristalinas, con cocoteros y poca gente. Allí aprendí a abrir un coco con un palo, aunque normalmente se utiliza el machete. Afilas un palo con una piedra y le das forma de punta, posteriormente lo clavas por la raíz del coco y, si tienes suerte, encontrarás fortuna. El cocotero es el árbol de la supervivencia. En un clima cálido, te puede dar la vida.

Otra cosa que me llamó la atención en esa ciudad fue el Wi-Fi (el apartado del Internet lo trato en el capítulo 8). En una de las plazas para conectarse había un grupo de jóvenes cubanos que ofrecían conectarse a Internet mediante un chanchullo que montaban. Resultaba un dólar más barato que lo que ofrece el Estado con las tarjetitas ETECSA. Les dejabas el móvil, te lo configuraban y, ¡tachán!, te conectaban a Internet. Les llamamos la “Mafia del Wi-Fi”. Era contrabando de la red.

La gastronomía cubana y demás

La esencia de la gastronomía es la comida criolla, es decir, la que tiene orígenes españoles y a la vez americanos. Si hablamos de comida uno tiene que saber que el plato más consumido diariamente en Cuba y en casi toda Latinoamérica es el arroz con frijoles. Los frijoles, también llamados habichuelas, judías, alubias y habas, entre otros, dan el aporte proteico, mientras que el arroz proporciona los carbohidratos. Prácticamente todos los días me alimenté de lo mismo, ya que la dieta es poco variada. En general, este plato suele ir acompañado de pollo o cerdo, así como de plátanos fritos, pepino, yuca, tamales y otras verduras y legumbres.

En Cuba se respeta mucho la comida de temporada, sobre todo en las frutas. Durante el mes comimos mango, papaya, guayaba, plátanos y melón (sandía para nosotros), las típicas frutas del verano. Una cosa curiosa y divertida es que la papaya en según qué lugares de Cuba se llama fruta bomba y, además, el término “papaya” significa “coño”. Las bromas son constantes. Cuando dices “quiero comer papaya”…  Lo dejamos ahí.

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Arroz, sandía, plátano, tortilla, zanahoria, pepino

 

En cuanto a la bebida, lo que más gusta a los cubanos es la cerveza y, en menor medida, el ron, sobre todo el blanco. Se ven esencialmente dos marcas de cerveza: La Cristal, de 4,9º, más suave que las españolas, y la Bucanero, de 5,4º, más parecida a las nuestras. La cerveza de pipa la toman en ferias y es bastante más barata, ya que las dos mencionadas anteriormente valen como mínimo un peso convertible (95 céntimos de euro). Lógicamente, también toman agua. Ellos pueden tomar la del grifo, pero a los extranjeros nos puede sentar mal debido a los parásitos que lleva.

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Comida de despedida

En Cuba me hinché a refrescos, todos de la marca Ciego Montero. Tenías de cola, piña, limón y naranja. Además, me gustó especialmente el guarapo, el jugo de la caña de azúcar. En las guaraperas (los establecimientos dónde los vendían), uno podía ver la máquina con la que exprimían el jugo. Esta bebida típica les encanta y cuesta únicamente un peso cubano (4 céntimos de euro). Recuerdo un momento en el que se paró un autobús delante de una guarapera, bajó el conductor y se bebió uno. Yo siempre que podía me tomaba uno. A primera hora de la mañana beber medio litro de guarapo era un auténtico subidón. Creo que después de Cuba mis niveles de azúcar aumentaron. Además, me aficioné a los jugos de fruta, especialmente al de mango. Por dos pesos tenías un vaso. También son muy comunes los cócteles, que van desde el mojito hasta el cuba-libre.

Al igual que el ron, el tabaco y los puros constituyen una de las esencias de Cuba. Cuando los españoles llegaron a Cuba quedaron maravillados por una planta cuyas curiosas hojas, una vez secas, eran fumadas por los indígenas en sus rituales y con fines medicinales. A partir de allí, el tabaco comenzó a expandirse a lo largo del globo. En Cuba, hoy en día, el tabaco es barato y principalmente se fuma Hollywood (suave) o Popular (fuerte). Por la calle también se ve a gente fumando habanos. La marca Cohiba es la más conocida internacionalmente.
Para concluir, quería hacer una mención especial a la situación de las drogas en el país. En los años de Batista, Cuba era un país que servía para los negocios oscuros de los norteamericanos, en los que las drogas abundaban. Con la Revolución, las drogas se ilegalizaron y se comenzó una lucha contra el narcotráfico. En el libro ¿Cómo ganar la guerra antidrogas? Una respuesta desde Cuba, de Juan Francisco Arias Fernández, el investigador describe la lucha emprendida por la Revolución contra el narcotráfico y el crimen transnacional. El autor desmonta la gran farsa que supone el negocio de las drogas a nivel mundial y la implicación de los estadounidenses. Pese a la lucha existente, en Cuba existen drogas, pero en menor medida que otros países. En 30 días no vi a nadie fumando un porro y solamente me ofrecieron dos veces marihuana y una vez cocaína. En España suele ser más común.

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