Diario de un Barrioviajero: 30 días en Cuba. Guía didáctica, anécdotas y análisis sobre temas generales (5, Santiago y viajar por Cuba)

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En Santiago de Cuba, la segunda mayor ciudad del país (500.000 habitantes), estuvimos cuatro noches, pero me quedé con ganas de explorarla mucho más. Santiago me marcó. Es uno de los lugares que antes colonizaron los españoles, ya que entraron por la zona oriental de la isla, y de hecho fue la primera capital del país (1516-1556). Es una urbe preciosa, con un casco histórico muy bien conservado, con numerosos bares musicales, vida en la calle y buen ambiente. A primera vista me pareció más cosmopolita que el resto de Cuba. También es más calurosa y menos húmeda, como toda la zona oriental -que se conoce como «Oriente», con acento cubano- y más negra y musical.

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Plaza de la Revolución en Santiago

 

Tiene una gran historia, muchos museos y sitios emblemáticos. En esos cuatro días fuimos al Cuartel Moncada, el complejo militar atacado por Fidel y demás revolucionarios el 26 de julio de 1953. Allí comenzó todo. Después del ataque fallido, Batista envió a muchos de ellos a la Isla de Pinos (hoy llamada Isla de la Juventud) y a otros los torturó. Estos hechos produjeron tal malestar que el movimiento fue a más y se ganó la legitimidad del pueblo. La Revolución como tal empezó en Oriente, en Santiago, y se organizó en Sierra Maestra, un conjunto de montañas al oeste de la ciudad. Después del triunfo de la Revolución, el cuartel se convirtió en cinco escuelas y se erigió un museo en honor a los hechos sucedidos.

También fuimos al museo Bacardí, el primer museo abierto en Cuba. Facundo Bacardí, nacido en Sitges, fue una persona muy querida en Santiago, ex alcalde y un gran impulsor de la cultura en la ciudad. Traía cuadros y esculturas de España. De hecho, vimos un cuadro enorme del Gótico de Barcelona.

Son muchas las actividades que uno puede realizar en la capital de la provincia de Oriente. Los lugares más emblemáticos son Parque Céspedes y los monumentos que la rodean, que van desde la Catedral hasta la casa de Diego Velázquez. Céspedes fue uno de los revolucionarios del siglo XIX que luchó contra la opresión española y en toda Cuba hay menciones a este gran guerrillero. Cuentan las leyendas que sobrevivió a 27 disparos de bala. Parque Céspedes es divertido, por la de gente variopinta que hay y por lo intranquila qué es. No puedes estar más de un minuto sin que estés hablando con alguien. Sea un taxista que te persigue, un emo cubano que te enseña sus tatuajes y piercings o un rastafari que te habla de paz y amor. No estarás tranquilo pero te lo pasarás genial. Unas cervezas y a pasar la noche.

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Cuartel Moncada. Fijaos en los disparos

 

Al igual que en La Habana, hemos tenido suerte y la casa de alquiler en la que nos hospedamos es espectacular. Tiene tres terrazas preciosas con una parra gigantesca y está a cinco minutos del centro. Un gran acierto. Otra casa que no dudaré en recomendar. Rafael, John y Osvaldo nos trataron muy bien. Durante la estancia en Santiago, aprovechamos para ir a la iglesia del Cobre, lugar de peregrinación, y al Castillo del Morro, una antigua fortaleza militar creada por los españoles para defenderse de los piratas y los corsarios.

Pese a ser poco peludo, la barba me comenzó a molestar y decidí ir al barbero. Resultó una bonita experiencia, en la que por menos de un euro me quitaron todos los pelos y me dejaron con el cutis más suave que el culo de un bebé. Me tocaba la cara y alucinaba. No sé qué cremas tendrán o que tendría la navaja esa, pero, en serio, jamás había tenido así la cara. Cuando me afeité, volví a la adolescencia: parecía un niño.

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En el Castillo del Morro de Santiago

Desde Santiago fuimos a pasar un día a unas playas al lado de Chivirico, a unos 30 kilómetros de la ciudad. Hicimos una excursión en la que fuimos a hacer snorkel para ver un barco hundido español de hace 500 años. La experiencia fue muy excitante, pero vaya corriente había. Un poco más y nos quedamos ahí. Seguidamente estuvimos en una cabaña al lado de la playa, habilitamos las hamacas que traíamos y nos pusimos a comer mamasitos. Durante ese día me volví adicto a esta fruta. Era como masticar un chicle y tenía algún tipo de sustancia adictiva, me comí como 60 en un día. Tuve que decir basta. Después de comer fuimos a un río tropical, tras caminar 1 hora por unos caminos rurales. El paisaje era totalmente selvático y había una gran cantidad de vacas, cerdos, gallinas y caballos revoloteando. Nos tiramos al agua y nos aliviamos; hacía un calor extremo. Pero, al cabo del rato, los mosquitos nos comenzaron a acribillar y tuvimos que volver.

El último día en Santiago tuvo una especial importancia para mí. Hablando con Osvaldo, uno de los custodiadores de la casa, me comentó que era cinturón negro en judo. Le comenté que yo practicaba jiu jitsu brasileño y me ofreció ir a entrenar a la Academia de Judo Hiroshima, una de las más prestigiosas de la isla. Primeramente fui a su casa a buscar su bicicleta para ir hasta allí y me estuvo enseñando su casa, en una zona más humilde de Santiago. Se estaba montando una casa muy guapa y me regaló un libro La isla de Cuba, que comenté en un capítulo anterior. Eran las 18:00 de la tarde y fuimos hacia allí, pero tardamos más, ya que Santiago es una ciudad llena de lomas (cuestas). Vamos, que el pedaleo era el calentamiento de lo que fue un bonito entreno, en el que me enseñaron algunas técnicas de judo y estuvimos rodando (lucha en el suelo, concepto del jiu jitsu brasileño), o según ellos, haciendo Ne Waza.

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En el gimnasio. Me iba grande el kimono y tal.

 

Osvaldo nos había estado haciendo fotos y vídeos y me ofreció pasármelo todo. Cómo no disponía de USB ni ordenadores, me llevó a casa de un amigo suyo para grabarlo en un CD. Después de un rato esperando, su amigo nos llevó a un estudio de música. Resulta que era un violinista del grupo Santiago Buenavista Trubadors y me estuvo enseñando vídeos y canciones, que también me las puso en el disco. En esos momentos me entraron ganas de aprender a bailar salsa o a tocar la guitarra. Joder, qué música tan bonita y qué ritmo tienen los cubanos. Para acabar este emotivo día me dejé la riñonera con el pasaporte, el visado y el dinero en su estudio. Me enteré al llegar a casa. Tuve un pequeño momento de tensión pero algo me decía que no la había perdido. No sé si será por cuestión del chip del viajero o de la influencia de la santería cubana, pero efectivamente la encontré en su estudio. Y el alivio se apoderó de mí.

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En el estudio musical

 

Abandonamos Santiago y fuimos a hacer una excursión a la Sierra Maestra, concretamente a ver la Comandancia de la Plata. Nos levantamos a las 4:00 de la mañana ya que habíamos quedado con un taxista para ir hacia allí. El taxista era lo más pesado del mundo. Antes de contratar el taxi con él, nos perseguía hasta casa literalmente. Fuimos en un jeep nuevo, bastante justos, y él no iba solo. Siempre van acompañados en los taxis, pero esta vez eran tres, lo que lo hacía todo más incómodo. La visita la teníamos concertada a las 9:00 de la mañana y, una hora antes, una rueda del coche petó y nos quedamos tirados en medio de la carretera. No habíamos comido. Estuvimos esperando una hora hasta que nos vino a recoger un primo del taxista que casualmente era un guía de la Comandancia y nos llevó hasta allí. Íbamos siete en un coche de cuatro plazas. Esta situación es muy común en Cuba. Son capaces de mentirte de una manera muy minuciosa y convincente, pero siempre acaban encontrando una solución a casi todo. Hacen una llamadita y ya está. Y, por cierto, el cinturón de seguridad no existe en Cuba.

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La visita a la Comandancia de la Plata consistía en un camino de tres kilómetros por las montañas de la Sierra Maestra, en las que nos mostraban los refugios y las casas de madera donde se organizó la Revolución cubana.

Desde allí Fidel emitía las señales de radio a toda Cuba y el Che Guevara curaba a los heridos. El buen conocimiento del terreno les hizo ganar a las tropas de Batista y permitió el triunfo de los revolucionarios, que fueron desplazándose paulatinamente hacia Santiago. Al acabar la visita estuvimos comiendo por Santo Domingo, un pueblo pequeño cercano a la Comandancia.

Luego nos dirigimos a Bayamo a pasar la noche. Recuerdo una escena dantesca volviendo en taxi. El taxista iba con nosotros en el coche y lo tenía al lado. Conducía su amigo. Estaba gordo y cansado y se dormía apoyándose en su barriga. Mientras ocurría eso, se le caía la baba de mala manera y era muy desagradable. De nuestro grupo quedábamos dos despiertos -debido al cansancio acumulado del día- y estuvimos riéndonos a carcajadas sin que se enterase. Fue tremebundo. Llegamos a Bayamo a eso de las 18:00 y fuimos a dar un paseo. En las casas de alquiler nos recibieron bien pero el pueblo en general se mostró bastante borde con nosotros. Pedíamos una pizza y pasaban de nosotros. Preguntábamos algo y pasaban de nosotros. En general fue una situación repetida en según qué lugares. Sobre todo en Oriente nos trataban con desprecio. Al día siguiente teníamos que madrugar para ir a Santa Clara en Viazul. Nada más y nada menos que 12 horas de bus. La alarma la tenía puesta a las 7:00 de la mañana pero la mujer de la casa nos despertó a las 6:30 a grito de “¡¡¡Matin!!!, ¡¡¡Matin!!!, ¡¡¡Matin!!!, os habéis dejado la ropa en la terraza y os la pueden robar.” Por dios, qué bien me desperté…

Viajar por Cuba

En este apartado voy a dedicarme a hablar sobre cómo viajar por Cuba. Primero de todo, bajo mi punto de vista, no es un país para mochileros. ¿Por qué? Tampoco soy un gran experto en el mochilerismo, pero, la falta de Internet y de un sistema de hostales, así como la existencia de dos monedas, dificultan el hecho de viajar por libre.

En Cuba las cosas funcionan diferente y uno tiene que ser consciente de eso. Si eres un turista blanco occidental, el viaje no te saldrá tan barato y intentarán sacarte el máximo de dinero posible. En líneas generales, habrá aspectos de la cubanía que te saldrán económicos (comer, beber y visitar cosas sencillas), pero otros que no tanto, como el alojamiento y el transporte, aunque también depende de lo avispado que seas y de las ganas que tengas de pasarte horas regateando.

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Manglares en Santiago

 

También es importante plantearse qué tipo de viaje quiere hacer uno y con cuánta gente va. En mi caso viajé en grupo, cosa que tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Viajar un grupo permite ahorrar dinero en según qué sitios, por ejemplo en taxis o alojamiento, pero al mismo tiempo es más difícil encontrar suficientes habitaciones o plazas para todos a la hora de dormir o moverse. Más allá de eso, viajar en grupo supone un enriquecimiento cultural increíble ya que diferentes puntos de vista aportan un mayor conocimiento y un mayor aprendizaje. La mejor manera de aprender es debatir. Y durante el viaje debatimos sobre millones de temas, sumándole el añadido que éramos gente  muy politizada y con cierto activismo político.

Por otro lado, el hecho de ir tanta gente dinamita muchas veces la toma decisiones y lo hace todo más lento y, lógicamente y sanamente, puede haber fricciones. En nuestro caso, más allá de algún momento de tensión, apenas hubo problemas. Se ha de tener en cuenta que pasar 30 días con la misma gente genera conflictos que en algunos casos hacen prosperar y en otros no, pero que son inherentes en nuestra conducta humana.

Para mí hay, principalmente, dos tipos de viajes en Cuba. Uno es el turista clásico que viene la isla a relajarse y no piensa en relacionarse con la gente. Es el turista al que no le interesa la realidad del país y solo piensa en ir a cayos, tomar el sol o estar en Varadero con un mojito en cada mano. O, peor aún, el que va únicamente a hacer turismo sexual. En Santiago conocí a un italiano que venía a Cuba cada año dos semanas únicamente a follar. Cada día con una diferente. No visitaba nada, solamente iba de la casa a la fiesta y de la fiesta a la casa. Decían por allí que a los italianos les gustan más las negras y a los españoles más las mulatas. Incluso me explicaron que había gente que contrataba a mujeres por dos semanas. Muchos dueños de las casas de alquiler se mostraban inquietos por la situación, ya que, legalmente, cada vez que una persona duerme en uno de sus alojamientos, tiene que notificarlo en una libreta que entregan mensualmente al Estado, siendo éste el mecanismo de control de los viajeros en Cuba. Además, les sirve para “controlar” la situación de la prostitución, ya que si ven en sus datos que una chica cubana ha estado en muchas casas de alquiler de manera continuada, puede ser que se esté prostituyendo. Lo cierto es que en Cuba hay mucha prostitución y es sumamente fácil y barato, pero se ejerce de una manera mucho más libre, sin la existencia de mafias. Este tema ha sido una de las mayores decepciones del viaje, aunque ya me habían advertido masivamente al respecto.

El otro tipo de viaje es el que busca conocer la isla en su esencia y busca el contacto con los cubanos. Para ello la mejor manera es hospedarse en casas de alquiler, que te ofrecen habitación para tres por 15-25 dólares. En ellas descubrirás mejor la cubanía, el modus vivendi de los cubanos. Te ofrecerán excursiones, que comas con ellos, que pasees con ellos y podrás charlar con ellos. Aprenderás más que nunca. Que convivas con cubanos no significa tampoco que vayas a vivir baratísimo, ya que según qué actividades son caras en general. Como he explicado a lo largo del diario, existe una vida para el turista y otra para el cubano, pero con excepciones. Para dormir en Cuba uno tiene varias opciones, que van desde las casas de alquiler hasta los hoteles y hostales.

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Preparando la excursión

El transporte en Cuba es lo más caro. Más allá de las ciudades, donde uno puede usar la guagua baratísima, el viajero tiene tres opciones: taxi, Viazul o colectivos. El taxi es más barato que en España, pero es lo más caro, aunque el transporte es de puerta a puerta. Viazul es la línea estatal de buses de alta calidad, principalmente utilizada por turistas. Es extremadamente lenta, ya que para en cada ciudad cinco minutos y es bastante cara. Además, el aire acondicionado está altísimo, así que cuidado con los catarros. También es muy cómoda y para un viaje largo vale la pena. La última opción son los colectivos, buses que utilizan los cubanos para moverse por la isla que resultan muy económicos. Para coger estos buses colectivos uno tiene que preguntar, salen normalmente desde las terminales de buses y cuidado que no os cobren de más.

Viajar por Cuba también puede ser ligeramente peligroso por lo que llaman “la enfermedad del viajero”, pero tampoco es un motivo de excesiva preocupación. Esta enfermedad es debida a los parásitos que lleva el agua en Cuba, a los cuales los cubanos están acostumbrados pero no los foráneos. Lo normal es que los primeros días estés con cagarrinas, así que mejor no tomar cosas de la calle que lleven agua del grifo. Aun así, nuestro estómago se acaba acostumbrando y finalmente deja de afectarte. Yo estuve la primera semana yéndome “pata pa’ bajo”, pero acabé tolerando la bacteria. Ésta se llama giardiasis, y produce descomposición, náuseas, hinchazón, vómitos e incluso fiebre. Del grupo que íbamos, tres cayeron.

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Coche clásico, típico en Cuba

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