Diario de un Barrioviajero: 30 días en Cuba. Guía didáctica, anécdotas y análisis sobre temas generales (6, La Ciénaga de Zapata y la naturaleza cubana)

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El viaje hacia Santa Clara transcurrió con tranquilidad, aunque sabe mal perder un día entero viajando. El agotamiento que produce tantas horas de bus se acaba haciendo insoportable. Recuerdo una anécdota curiosa. Me estaba meando y fui al baño, en plena autopista. Cuando estaba en proceso, me digné a mirar hacia abajo y veía literalmente el suelo. Estaba orinando directamente al suelo. ¿Ecología o guarrería?

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Playa Larga en Bahía Cochinos

 

Después de tantas horas llegamos a Santa Clara y desde allí fuimos hasta la Ciénaga de Zapata, el parque natural por excelencia de Cuba y la zona más deshabitada de la isla. Es una zona pantanosa de Cuba, con miles de especies animales y con unos paisajes preciosos, llenos de bosques, playas y manglares. Los tres días que estuvimos en la Ciénaga nos sirvieron para descansar. El primer día fuimos a ver cocodrilos y estuvimos relajándonos en la playa, ya que teníamos la casa de alquiler a tan solo unos metros del mar. Pero en la Ciénaga, y concretamente donde dormimos, en Playa Larga, los mosquitos abundan. Mira que yo no soy propenso a las picaduras, pero eso no tenía nombre. Cuando comenzaba a anochecer, salían de caza y te acribillaban. Ni con el espray podías evitarlos. Recuerdo levantarme a medianoche para ir al lavabo y en menos de minuto me picaron como 15 mosquitos en las piernas. Literalmente acabamos huyendo de los molestos insectos al cabo de tres días.

La Ciénaga, más allá de lo bonito y lo natural que es, tiene una historia muy interesante, clave en la Revolución. En ella se desarrolló la invasión de Bahía cochinos, uno de los episodios más emocionantes y heroicos. Dos años después de la Revolución, en 1961, grupos de exiliados cubanos, con el apoyo y la organización de los estadounidenses, hicieron un ejercicio militar contra Cuba. Durante cuatro días, las tropas revolucionarias y los mercenarios tuvieron una encarnizada batalla. Tuvimos el testimonio de un anciano que vivía a nuestro lado y que nos estuvo explicando con detalle los acontecimientos. Él participó con 13 años.  La contraofensiva del ejército de Fidel, que tuvo que movilizar tropas de toda la isla en poco tiempo, logró vencer a la invasión americana.

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Carteles de apoyo a Fidel en su 90 cumpleaños

 

El siguiente día estuvimos en la Caleta buena. Pagabas 15 CUC y tenías barra libre de comida y bebida en una cala preciosa con aguas cristalinas. Estaba muy bien y no era únicamente para extranjeros. Al irnos de allí nos cayó una tormenta terrible y tuvimos que volver a casa con el taxista, un cubano llamado Chuchi que se mostró muy majo con nosotros.

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En la Caleta Buena

Por la noche nos “colamos” en una fiesta cubana, en un sitio que se llamaba El bosque. Era un recinto abierto con mesas y un escenario, donde primero vimos un monólogo y luego vino un cantante cubano. La experiencia del monólogo fue divertida. Nos costaba pillar las bromas, sea por el desconocimiento de su cultura o por el léxico que usaban. El monólogo trataba los temas típicos, como relaciones y fiestas, incluso estuvieron imitando a un árabe. Pero otra cosa que me llamó la atención fue la sátira política, ya que ironizaban sobre el hecho de que no podían viajar por el precio, que tampoco podían comprar carne de ternera y que cobraban poco.

Al día siguiente, después de dos borracheras, fuimos a la cueva de los peces, una laguito de 70 metros de profundidad que conectaba con el mar. Había tantos mosquitos que tuvimos que irnos pronto. Estuvimos alargando el día en una playita al lado hasta que definitivamente decidimos volver a La Habana, a el Vedado, al barrio.

La naturaleza cubana

El penúltimo capítulo del diario lo dedico a la naturaleza en Cuba. Sé que voy tarde, pero por fin toca hablar del calor. El clima cubano se conoce técnicamente como subtropical moderado y se caracteriza por la humedad y unas temperaturas elevadas durante todo el año, pero con dos estaciones marcadas: el llamado verano, la temporada que se extiende de mayo a octubre, más lluviosa y  con los termómetros rondando constantemente los 30º, y el inverno, más seco y un poco más fresco, aunque las temperaturas rara vez bajan de los 20º. Mucho nos quejaremos del clima bochornoso de Barcelona, pero lo de allí no tiene nombre, hasta el punto de que condiciona todas las actividades diarias y le da un ritmo más lento a la vida. Eso sí, aunque pasamos mucho calor en Cuba, uno se acaba acostumbrando.

La temporada alta de turismo tiene dos picos que condicionan los precios: uno en invierno, época en la que los canadienses comienzan a llegar, y otro en verano, cono turismo más europeo. El calor te anula. El tiempo en La Habana era muy pegajoso -dabas un paso y te ponías a sudar-, mientras que en Santiago, en el sur, era mucho más seco. Las lluvias tropicales impresionan, me imaginaba a Dios tocando los tambores del apocalipsis. La época de huracanes y ciclones (de junio a noviembre) pone en alerta al país pero no colapsa su día a día, ya que disponen de protocolos y están acostumbrados. Una mujer me comentó que los ciclones son lo mejor para el cubano puesto que le permite estar tres días sin trabajar.

El paisaje es selvático en su totalidad y, más allá de La Habana y Santiago, es todo prácticamente rural. En época precolombina toda la isla estaba cubierta por bosques densos, pero con la llegada de los españoles se comenzó a deforestar y urbanizar paulatinamente. Las plantas crecen a una velocidad increíble, por lo que te encuentras árboles enormes y una vegetación descontrolada

Es una isla muy bonita, “la tierra más hermosa que ojos humanos hubieran visto”, tal y como dijo Colón al desembarcar en la isla el 28 de octubre de 1492. Además de la selva, uno puede disfrutar de playas preciosas, con aguas cristalinas y arena fina. En la isla apenas hay montañas de entidad, limitadas al sur con Sierra Maestra, y los ríos son cursos pequeños y de pocos kilómetros. La única zona desértica está en una parte de Oriente. Todo es verde.

Me sorprendió la cantidad de perros que hay sueltos por la calle. La mayoría de ellos fueron abandonados y ahora vagabundean por pueblos y ciudades, buscando algo que echarse a la boca. Suelen ser pequeños, sucios y pulgosos, con cara triste y esperando recibir la hospitalidad de algún humano, que difícilmente llega. Vi algunos muy delgados pero otros gordos. Una vez estábamos comiendo en un paladar y había perro pulgoso y gordo debajo de mi silla y me molestaba. Lo empuje con el pie ligeramente y en vez de levantarse hizo la croqueta. Por Cuba también uno puede ver carros a caballo, sobre todo en ambientes más rurales, y vacas, gallinas, cerdos, etc. La cantidad de buitres que hay rondando por las ciudades también impacta. Y en general hay muchos bichos molestos.

SIGUIENTE CAPÍTULO (7, Vuelta a La Habana y Cuba y el mundo)

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