Crítica a la película “Demain”

Ayer noche fui al Tdescarga-2exas, un cine barato (cuesta unos 2-3 euros) situado en calle Bailén 205, cercano al metro Verdaguer. Ya he ido varias veces a este cine y la mayoría de veces he salido contento, sobretodo por el cine independiente que ofrecen, desde documentales hasta películas no tan mediáticas, todas ellas en versión original con traducción al catalán. Es, por tanto, una opción más que recomendable para aquellos que no quieran pagar 9 euros por Cinesa y prefieran ver un cine “diferente”.

El documental que vi fue “Demain” -en castellano “Mañana” y en catalán “Demà”-, una producción francesa que habla de las catástrofes que provocará -y está provocando- el cambio climático. Un grupo de jóvenes comunicólogos se disponen a recorrer el mundo buscando alternativas a las formas actuales de producción de bienes y servicios, desde la agroecología y los huertos urbanos hasta otro ejemplos como la educación finlandesa. La premisa del documental es la consigna del ecologismo por excelencia: actúa local, piensa global. Se trata, pues, de una manifiesto por la descentralización del poder, que actualmente se encuentra en manos de la oligarquía mundial: los gobiernos, las empresas transnacionales y las instituciones internacionales. A lo largo del filme se muestran miles de ejemplos puestos a la práctica.

En Detroit, tras el derrumbe económico, se crearon unos huertos urbanos enormes gestionados por los propios vecinos.  Miles de iniciativas, en aspectos como la autosuficiencia energética y la creación de nuevas formas de participación política, son muchas de las alternativas que se pueden crear al margen del orden existente. Sin ir más lejos, aquí en Barcelona tenemos miles.

Es evidente que hay una contradicción en las formas de operar que tienen las grandes corporaciones (verticales, desiguales y con grandes flujos económicos) y las organizaciones de carácter local, mucho más democráticas e igualitarias. Pero la cuestión es que ambas cosas pueden convivir en nuestras modernas sociedades capitalistas. Es decir, como ciudadano puedo comprarme un queso artesano de La Garrotxa en el mercado de mi barrio y ayudar al comercio local, pero luego compraré unas bambas Nike (intentaré comprarlas en mi barrio, en vez de ir al centro comercial) y estaré legitimando el orden existente.

No es del todo así. Es evidente que tendremos contradicciones si nos enfrentamos dialécticamente al sistema de valores existente. Es decir, por mucho que tengas unos ideales tendré que adaptarme al lugar dónde vivo y, desde mi perspectiva, intentar cambiarlo. Irse a la cueva con el taparrabos no es una opción muy útil. De todas maneras, siguiendo la consigna del ecologismo, podemos ayudar a contribuir a cambiar las cosas desde un ámbito local, organizándose con otros y creando redes de solidaridad.

Por otro lado, el documental también merece una crítica por su posición más occidentalista, por esos valores postmodernos, sobretodo el de la autorrealización personal (el individualismo postmoderno). En ningún momento hace mención a puestas a la práctica que vayan más al margen del sistema y que también suponen alternativas, como son los Zapatistas de Chiapas. No hay ninguna mención a Latinoamérica ni a África, los continentes más pobres y desiguales. En Occidente, librar una “revolución” como en Islandia o tener una educación como la finlandesa es mucho más fácil que hacerla en otros lugares -del sur- del mundo, que no tienen ni un desarrollo ni unas infraestructuras ni una historia como ellos. Por ejemplo, si a China le hablas de desarrollo sostenible te dirá que vosotros -refiriéndose a Occidente- habéis contaminado el mundo desde la Revolución Industrial y nosotros comenzamos hace 40 años, así que no me deis lecciones de nada. Parecía, en muchos momentos, un documental de Greenpeace; un mundo verde, un capitalismo light. Bajo mi punto de vista, el documental es demasiado políticamente correcto y tendría que hacer una crítica más feroz al modo de producción capitalista.

El documental me gustó especialmente por el hecho de que enseñan alternativas a lo largo del mundo. Es como eso que dice Zizek de que es más fácil imaginar el fin del mundo (proliferación de películas apocalípticas) que el fin del capitalismo existente. ¿Realmente somos capaces de imaginar sociedades y sistemas diferentes a nivel global?

Ya de paso dejo un documental más sencillo pero muy interesante. Se llama Planeta Libre y fue prohibida por la Unión Europea. https://vimeo.com/29791036

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