Diario de un barrioviajero: Marruecos, mi primera visita al mundo árabe

“Marruecos, mi primera visita al mundo árabe” es el quinto diario publicado y posiblemente el último en mi página web personal (oasisenlahecatombe.com).  Como siempre, a lo largo del diario encontraremos aspectos de guía, recomendaciones, anécdotas y análisis. Sin perder la esencia barrioviajera. Este diario pretende ser una introducción a la cultura árabe, un manifiesto sobre mis percepciones. En sintonía con 30 días en Cuba, este diario tiene una estructura parecida, separadas por capítulos, pero sin diferenciación interna en ellos

Próximamente, la intención es sacar una nueva plataforma.

Capítulo 1: Tríada Cálida

Capítulo 2: Bajarse al moro

Capítulo 3: Calle

Capítulo 4: Descontrol

Capítulo 5: Riad

Capítulo 6: Zagora

Capítulo 7: Regateo

Capítulo 8: Haima

Capítulo 9: Inshallah

Capítulo 10: Salam Aleikum

Capítulo 11: Mujtamae

Capítulo 12: Televisión nómada

Capítulo 1: Tríada cálida

Este año ha sido cálido. Y más aún, me reivindico cálido. Magnificando, me considero más latino que europeo. Lo cierto es que este año he realizado 4 viajes, todos ellos muy variados en muchos aspectos (duración, estilo, época del año, etc.), pero que sin duda alguna los divido entre dos categorías: los cálidos y los fríos. Por cálido entiendo a Tenerife, Cuba y Marruecos, por frío a Alemania. Por ello, la “tríada cálida” me ha convertido, quizás, en un ser más abierto y extrovertido, no sin obviar otros aspectos acaecidos en este año 2016, como el conocer a mucha gente y tener nuevas experiencias.

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Llegué de Cuba y ya estaba pensando a dónde ir. De hecho, allí ya andaba planificando viajes. Siempre que estás de viajes tiendes a pensar en próximos destinos. Es inevitable. Mi hermana había estado el junio pasado y volvió maravillada. Razones sobraban. Marruecos era el próximo destino.

Hasta este verano había visitado únicamente Occidente, uno de los bloques, de acuerdo a Samuel Huntington, geográficos, culturales y religiosos del mundo. El pasado agosto, sin embargo, visite a la región latinoamericana (Cuba), lo que supuso ya un choque cultural importante. Esta vez visité la región islámica y el contraste fue mayor aún.

El choque de civilizaciones de Huntington explica que después de la Guerra Fría, el mundo se divide en bloques/civilizaciones geográficos, culturales y religiosos. Debido al desorden internacional, éstas tienden a chocar. En el mundo actual, gran parte de la narrativa occidental es exactamente esa: la civilización islámica entra en choque nosotros. ¿Hasta qué punto esto es verdad y tenemos que creernos esta visión conflictiva y pesimista? Como dije en un post que subí al facebook, “el choque de civilizaciones me lo paso por los coj*****”, esto es, efectivamente, una crítica destructiva a una teoría que solo pretende legitimar el intervencionismo y el liderazgo occidental.

Capítulo 2: Bajarse al moro

Emoción, no nerviosismo. Siempre antes de cada viaje o acontecimiento importante. Me tocaba levantarme a las 04:00 de la mañana y me fui a dormir a las 02:00. Dos horas de sueño, tras un lunes intenso, para afrontar un martes al otro del charco. Sale el vuelo a las 06:40. Incómodo, como siempre. Volar no me gusta especialmente. Se me hace largo. Llegamos alrededor de las 8:30. Pasamos el control de inmigración, haciendo 45 minutos de cola. Todo en francés o en árabe. Comenzamos nuestra primera visita al mundo árabe.  Marrakech a las 9 de la mañana tenía un sol radiante y una temperatura agradable. Un cielo limpio, sin nubes.

Posiblemente, este ha sido el viaje más improvisado y menos planificado que he hecho. Siempre tiendo a mirar un poco qué hacer, incluso a reservar alguna excursión. En este caso, lo único que teníamos era una noche en el Riad Dia (los hostales marroquíes se llaman riads), por siete euros, reservada previamente desde Hostelworld. Tenía “claro” que quería ir a Essaouira y no fui. Teníamos “claro” que no íbamos a ir al desierto y fuimos. Así que el viaje fue todo bastante improvisado. También se ha de tener cuenta que eran muy pocos días.

dsc00078De Marruecos sabía lo justo. Lo que había visto en la tele e internet. Casi siempre, te bombardean con noticias negativas.  También lo que había hablado con la gente. Cuando comentaba que me iba a Marruecos, llovían los consejos y las recomendaciones, normalmente cuñadismos. Cuestiones relativas a la seguridad y a la salubridad. Había oído hablar de la famosa hospitalidad marroquí y sobre todo, del regateo. Todo el mundo te da su peculiar consejo del regateo. Muchos te comentan que no les gusta regatear. Otros que les encanta. A mí no me gustó especialmente, pero forma de la tradición cultural (o del hecho de ser turista).

A parte de eso, sobre Marruecos sabía lo que me había enseñado una compañera de trabajo, habitual visitante de esas tierras, y de un amigo de la universidad, marroquí de segunda generación, o como dice él “marroquí occidental”. Me ayudaron bastante y me recomendaron cosas, desde libros y lugares a dónde ir, hasta pequeñas cosas de la vida cotidiana. Por ello, más allá de impresiones, y siguiendo con la tradición del diario sobre Cuba, complemento mi viaje con análisis basados en explicaciones más consistentes que muchos cuñadismos y varios libros sobre Marruecos que a lo largo del diario los iré introduciendo.

Capítulo 3: Calle

La calle es lo importante. Marruecos no es Europa. No es occidente. Cuando uno viaja por Europa lo hace diferente. En general, más allá de conocer a gente y sus modos de vidas, relativamente parecidos a los de España, tendemos a ver el sightseeing, el recorrido turístico por los lugares que, aparentemente, se tienen que ver. Tanto en Marruecos y en Cuba me daba otra sensación. El choque es tan grande que con pasear y meterte en un bar ya te vale. Lo habitual en Marrakech era ir a dar una vuelta a perderse y a ver qué se cuece en la plaza Jemaa el Fnaa. Es decir, callejear es lo que más me gustó de Marrakech, y en general, lo que me gusta más siempre que visito lugares.

dsc00082Cuando íbamos paseando por sus magníficas calles, mirando a todos lados, sorprendiéndonos de cada acción, nos diferenciábamos claramente de los marroquíes. Vestimos diferente, somos más blancos. Pero el rasgo más notorio del turista -o viajero- es nuestra mirada y nuestro “ritmo social”. Cuando uno ve cosas nuevas, impactantes, tiende a mirar diferente, con curiosidad, expectante a cualquier cosa, perdido. Eso lo podemos ver nosotros caminando por la calle en nuestro barrio. Si vemos a un turista, lo notamos. Aunque se parezca físicamente a nosotros.  Sin embargo, nosotros caminamos por nuestras calles con naturalidad. Como si estuviésemos en nuestra casa. Conforme pasaban los días, sin embargo, uno se sentía cada vez más en su casa. Esa sensación de desconcierto iba desapareciendo. En La Habana me pasó lo mismo, pese a las grandes diferencias.

Capítulo 4: Descontrol

El descontrol y la energía convierte a Marrakech en una ciudad fascinante. Cada segundo ocurre algo interesante. Tomamos el bus desde el aeropuerto a la plaza central, Jemaa el Fnaa. Nos llamó la atención la arquitectura color barro y el tráfico anárquico en según qué calles. Una vez llegamos a la “big square” o a la “plasa grande”, el centro de la ciudad, dimos un paseo y nos acabamos perdiendo por la Medina (el barrio antiguo) y su gigante zoco (mercadillo tradicional árabe). 

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La plaza deja atónito a cualquiera: monos, serpientes, predicadores, músicos y zumos de naranja a 40 céntimos. Todo eso y mucho más en esta inmensa plaza. Los comercios van variando a lo largo del día. Siempre está animada. Pasear por allí era realmente increíble. Sin darte cuenta, un marroquí ya te está llevando a su negocio de dátiles, otro te está llamando para que acudas a su puesto de dulces y otro te está colocando un mono en el hombro. Llegas, sorprendido, y no te das cuenta, no tienes capacidad de reacción frente a la insistencia de los marroquíes. Con los días, sin embargo, vas aprendiendo, con relativa educación, a ignorar a la gente; si no, se te comen.

Durante ese primer paseo por Marrakech nos sorprendimos por varias cosas. En primer lugar, como he dicho antes, “la mirada del turista” nos delataba. Mirábamos expectantes cualquier cosa. Por las estrechas calles de la Medina uno tiene que saber que los vehículos tienen preferencia  a las personas. Siempre. Eso de la “educación cívica” que nos enseñaron en el colegio no existe como tal en Marruecos. Sea un burro cargado, una moto con dos niños sin casco o un camión, siempre te tendrás que apartar o te arrollaran. De hecho, ese mismo día iba caminando y me dieron un pequeño golpe en la espalda. Me giré y era un burro. Casi me atropella un burro.

Queríamos tomarnos un té y no sabíamos dónde. Vimos unos cuantos lugares pero eran todos para turistas, por lo que los precios eran realmente desorbitados. La regla nº1 para entrar a un sitio autóctono es observar quién hay en el mismo. Si hay marroquíes, no dudes en entrar. Me gusta meterme en lugares raros. Y café Berber era un sitio un tanto tétrico, pero tenía esa esencia que buscábamos: originalidad. Subimos la misteriosa escalera y entramos a una especie de tetería marroquí.

Nos sentamos, pactamos más o menos el precio, y pedimos un té. También nos trajeron pan con una especie de caldo de garbanzos. Esta fue la primera experiencia en un antro de Marrakech. El sitio era relativamente agradable y se respiraba un buen ambiente. Estaba regentado por un padre y su hijo. El té estaba exquisito. Iba entrando gente, se tomaba el té, algunos se fumaban su canuto de hachís y se volvían a ir.

La cultura del hachís está ampliamente extendida en Marruecos, desde hace sigloss, que según un ruso que conocí, se basa en un pacto de hace 250 años entre la monarquía y los señores del hachís. Antiguamente servía como plantas medicinales que se distribuían hacia Francia. Existe, pues, un pacto “secreto” entre la monarquía y los señores del hachís.  Aunque esté ilegalizada en todo el país, se consume con naturalidad. Al contrario que el alcohol, el Corán no dice nada al respecto del cannabis.

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Es el mayor productor del mundo. La gran mayoría va de Marruecos a España, como dicen “en el culo del moro”, y de allí se distribuye. En el valle del Rif, situado en el norte del país, se gestiona todo este mercado. La droga tiene un gran impacto en el tejido laboral, dando empleos a miles de personas. Chefchaouen es la ciudad del hachís por excelencia. Si uno quiere fumar el mejor hachís del mundo que no dude en ir al norte del país, teniendo en cuenta también la condición de turista.

Capítulo 5: Riad

Salimos de la tetería, a eso de las 11:00, en busca del Riad que previamente habíamos reservado. La cuestión: no sabíamos dónde estaba. Y el centro de Marrakech es un pelín laberíntico. Así que nos dejamos guiar por nuestro instinto y utilizamos el mejor y más útil medio de comunicación: el boca a boca. Preguntando acabamos llegando. Costó, costó. Pero tuvo su gracia. Tras meterse por estrechas callejuelas, un hombre nos ayudó a encontrarlo. Estaba bastante escondido. Por la noche daba respeto, pero era emocionante y trepidante.

Era realmente bonito. Hacía frío. Resultaba muy agradable. Los custodiadores, gente joven y occidentalizada, nos ayudaron y se mostraron muy amables. Nos llevaron a la habitación compartida de 14 personas. La mayoría de jóvenes visten de dos maneras principales: chándal o chilabas. La primera noche dormimos únicamente nosotros. Luego fue llegando gente. En comparación a los precios europeos, dormir por 7 euros una noche es muy barato. Teniendo en cuenta, además, que los precios estaban al alza por tratarse de una temporada concurrida.

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Hace dos semanas, según nos comentaron, podías dormir por 4 euros en ese mismo hostal. Y en según qué sitios por Marruecos, según la época, podrías dormir por un euro. El hostal Riad Diad lo descubrimos mediante HostelWorld. Tras un proceso de deliberación, lo escogimos por varias razones. Pero algo que nos atrajo fue que tuviese lockers y el desayuno incluido. Pero al llegar, te la lían. Lo que sale en internet no es la realidad. El sistema de seguridad del hostal funcionaba en la buena voluntad y confianza de la gente.  Nadie roba, por tanto no vas a robar. No había llaves de las habitaciones, ni taquillas. Al principio choca, luego lo aceptas y te fías. Es inevitable cuando observas buen rollo. Además, según Internet, el desayuno estaba incluido, pero nos lo querían cobrar; nos acabamos negando.

Dentro del hostal conocimos a bastante gente. Como por ejemplo, un ruso de unos 40 años, antiamericano, que se dedicaba a la compra venta de ropa y a algún que otro negocio más oscuro. Nos invitó a una botella de vino. Me hizo gracia porque el tío justificaba la pobreza en Marruecos debido a que “los marroquíes no le gusta trabajar, prefieren fumarse un porro” o también nos dijo que Cataluña estaba en contra de los rusos, ya que no les dejaba urbanizar las zonas costeras. Bastante surrealista. Además del ruso, conocimos a unos burgaleses puretas que iban con toda la tranquilidad del mundo, a una pareja de brasileños muy simpáticos y a un gironés que se proponía a cruzar el Sahara con un ciclomotor. En los hostales siempre te encuentras a gente variopinta.

Capítulo 6: Zagora

En principio no teníamos en mente ir al desierto, ya que apenas estábamos cuatro días. No obstante, decidimos ir. Las excursiones turísticas al desierto se dividen en dos: Zagora y Merzouga. La que fuimos nosotros requiere 2 días y 1 noche, mientras que Merzouga supone 3 días y 2 noches. El desierto de Zagora es menos espectacular, mientras que Merzouga es el típico desierto de las películas. En ambas excursiones haces una ruta por varias zonas del sur de Marruecos, montas en camello y duermes en Haimas. En cuanto al precio, la excursión corta cuesta entre 40 y 70 euros, mientras que larga entre 60 y 100, depende lo avispado que seas. A todo eso, has de sumar las comidas del mediodía, que no vienen incluidas.

Partimos a las 07.00 de la mañana del hostal. Nos vino a recoger un hombre, que nos llevó hasta una furgoneta. A partir de ahí fue un cachondeo, estuvimos prácticamente 1 hora cambiándonos de furgoneta, cada vez a una más incómoda. Hasta que por fin acabamos en una junto a más gente: un chino, dos portugueses, dos madrileños, dos británicos, un argentino y una toledana. Desde Marrakech fuimos, durante unas 7 horas en coche y realizando múltiples paradas, viendo la diversidad de paisajes de Marruecos. Estuvimos en zonas nevadas, en zonas áridas, en ciudades de barro y en poblados bereberes, indagando un poco más en el ruralismo marroquí, muy diferente de la gran Marrakech. Y definitivamente, a eso de las 17:00 llegamos a Zagora.

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En el largo trayecto tuvimos un momento de rallada colectiva. Nos daba la sensación que siempre nos querían timar y en una ocasión especial acabamos bastante quemados. Según lo pactado en el recorrido, hacíamos una parada en Ouarzazate, una bonita ciudad. El conductor nos dijo que teníamos 30 minutos para comer, lo que acabaron siendo casi 2 horas. La cuestión, salimos de la furgoneta y nos conducen a todos en fila india, hasta un turístico restaurante. De repente, comienzan a aparecer hombres que nos llevan, con presión, hacia una mesa, por lo que nos acabamos sentando todos. Ya nos olíamos que eso era un antro tima guiris. Y efectivamente lo era, ¡el menú costaba 12 euros! Eso en Marruecos es semilujo. Al ver la carta de precios nos fuimos. Mientras nos íbamos, pasó lo de siempre, te grita alguien por la espalda para que te quedes regateando y acabar pactando un nuevo precio.

Capítulo 7: Regateo

Regatear es una tarea muy laboriosa que a mucha gente no le suele gustar. En este capítulo explico las tácticas que utilizábamos. Referente a los aspectos preliminares, es imprescindible saber que:

  • Cuando entras a mirar no tienes por qué comprar.
  • 10 Dirhams equivale a 1 euro.
  • Que niegues su invitación a la compra o al regateo no supone una molestia para el vendedor.
  • El vendedor siempre sale ganando.
  • El buen regateo estará siempre entre el ⅓ y el ½ del precio que te ofrezcan al principio.
  • Cada regateo es un mundo. Son muy dinámicos.
  • Intenta no dejarte llevar demasiado por el cansancio y las emociones.
  • El buen regateo será laborioso y costoso.

Entonces, para regatear hay pequeños pasos y recomendaciones:

Primer paso:

  • Mira con curiosidad, pregunta y no muestres un gran interés en su tienda o sus productos.
  • Entabla conversación con el vendedor. Que os explique cosas y os deje muestras.

Segundo paso:

  • Muéstrate un poco más interesado por algún producto en concreto.
  • Ofrece la posibilidad de comprar más de una cosa.

Tercer paso:

  • Comenzad a hablar de precios, de cuanto te podría costar.
  • Nunca comentes tu opción a pagar, únicamente utiliza palabras para decir que es caro y etcétera.

Cuarto paso:

  • Negocia para llegar a un buen precio. Ánclate en una posición y no salgas de ella.
  • Si estás contento, acepta. Pero ten en cuenta que aún queda el paso imprescindible y que no has sacado un buen precio.

Quinto paso:

  • Vete o di que definitivamente no vas a comprar. Muéstrate confiado.
  • Espera a que actúen.
  • Si no aceptan, busca otro lugar.
  • Si aceptan, quédate con tu precio.

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Capítulo 8: Haima

Por fin llegamos a Zagora, tras un día de madrugón y de muchas horas en coche. Procedimos a subir al camello. Me sorprendió lo grandes y altos que eran. Nos subimos y partimos hacia el campamento donde dormiríamos. Aparentemente, parecen animales cómodos pero realmente te destrozan las partes bajas. Son increíblemente incómodos. Prácticamente todos estábamos muy molestos y probando mil posiciones para lograr alguna más complaciente. Estuvimos en esta odisea una hora, mientras nos anochecía. El paisaje era espectacular. En cuestión de minutos, el sol pasó de irradiarnos a esconderse detrás de la montaña. La puesta de sol en el desierto es preciosa.

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Después de llegar a las Haimas, los campamentos árabes tradicionales, comimos un delicioso Tajine junto al resto del grupo. Esta es la comida típica marroquí que posiblemente más me gustó. Se trata de una especie de estofado con patata, verduras y carne, servido en un plato de barro con una tapa en forma cónica. En líneas generales, de la comida marroquí salí bastante maravillado; me gustó todo. Sorprende la gran cantidad de especies y sabores que disponen. Les gustan también los pinchos morunos, algunos pescados en las zonas costeras y el cus cus. Nada me sentó mal e incluso comí comida comprada en puestos de la calle, pizzas y cosas del estilo.

Los amantes del dulce disfrutarían en Marruecos. Croissants, pastas variadas y todo tipo de pasteles a precios irrisorios y sabores exquisitos. Me causó curiosidad una cosa que me comentó mi padre, al respecto de los dulces. Según él, los países tienden a desdulcificarse cuando se van desarrollando. Por ejemplo, en la España de hace 40 años había mucha más repostería. Sin embargo, la cuestión del azúcar es complicada. Podría ser cierta esta desdulcificación, pero ¿qué pasa con todos los azúcares artificiales que consumimos en las dietas occidentales? En Cuba, por ejemplo, tomé bastante azúcar, pero me daba la sensación que era más natural del que tomo normalmente. Y otra cosa, en Marruecos tomé un guarapo (zumo de caña de azúcar), lo que me produjo un fuerte sentimiento de nostalgia. Me digné a probarlo, tenía un toque más a limón y era un pelín más caro. Pero en ningún caso igualaba a los guarapos del Vedado habanero.

Capítulo 9: Inshallah

Después de cenar el delicioso Tajine, junto a un caldo de verduras y el pan típico marroquí, hicimos una hoguera con los bereberes que nos acompañaban. Acomodaron mantas y nos pudimos tumbar frente al fuego. En esos instantes, estuve escuchando, de reojo, una conversación que tuvieron uno de los bereberes y un brasileño, acerca del islam. El sudamericano le preguntó qué opinaba acerca del Islam, a lo que contestó que para él era una serie de principios basados en la hospitalidad y el respeto mutuo, entre otras cosas. El debate del Islam ha llegado. Se trata de uno de los temas más complicados, sobre todo desde una óptica occidental. Es peligroso hablar de estos temas por caer en eso de que le llaman la “superioridad moral del hombre blanco”, por lo que resulta inevitable caer en estas trampas, pero tampoco voy a ser beneplácito con las religiones; únicamente me dignaré a explicar lo que vi.

Estaba en el Riad tomando el agradable sol invernal cuando comenzó a sonar cánticos árabes a las 17:00, a mi parecer, incitando a rezar. Me llamó la atención. Mi hermana ya me había advertido de eso. En Marrakech no puede haber edificios más altos que la mezquita principal de la ciudad, de la que emanaban las plegarias. El Islam está más presente en la vida social de las personas y más arraigado al Estado, o por lo menos tuve esa percepción. Acostumbrado a una cultura relativamente más laica, pese haber ido a un colegio religioso, los musulmanes llevan más a raya sus creencias. Ser musulmán implica más dedicación. El corán, el libro fundamental y sagrado de la religión musulmana, es interpretado individualmente por cada uno de los integrantes del Islam. A partir de allí hay varias doctrinas, principalmente la sunita y la chiita.

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En este sentido, la religión está más arraigada a la cultura. Con esto no quiero decir que en las tradiciones cristianas ocurra lo contrario, pero quizás de manera menos pronunciada. Nuestras festividades y gran parte de nuestra vida social está influenciada por miles de años de cristianismo, y seguirá estándolo por mucho tiempo, pese a la secularización.  Otro tema a tratar es el riesgo del terrorismo en los países musulmanes. Aunque aparentemente creamos que el terrorismo es contra Occidente, es una mentira parcial: la mayoría de atentados y muertes se producen en estos países. Marruecos, no obstante, es el país más seguro del mundo árabe. El riesgo de terrorismo es mínimo.

Seguidamente, fuimos a dormir a las Haimas. Dormíamos en la habitación nosotros tres junto a dos parejas más. La Haima era espaciosa y tenía el suelo con alfombras. Cada cama tenía dos mantas. Procedimos a intentar dormir, pero hacía un frío tremebundo. Lo pasé realmente mal, amanecí con la cara congelada. Estuve en posición fetal toda la noche, intentando descansar, pero me resultó imposible. La noche más fría de mi vida, sin dudarlo. Dentro de la Haima, daba la sensación de que lloviese por los impactos de la arena. Amaneció a eso de las 06:00 y nos levantamos para desayunar pan con mantequilla y mermelada. Volvimos a montar en camello, esta vez menos rato, para llegar de nuevo a la furgoneta, donde nos esperaba nuestro conductor.

Capítulo 10: Salam Aleikum

El día siguiente lo pasamos prácticamente todo en coche, con las típicas paradas en los espectaculares paisajes, sumándole la comida en Ait Ben Haddou, un precioso pueblo de color barro, escenario de filmaciones como Gladiator o Juego de Tronos y patrimonio de la humanidad por la Unesco. Al igual que el día anterior, nos llevaron con la furgoneta al antro más turístico, pero esta vez pasó algo curioso. Íbamos los últimos en la fila, un pelín descolgados, cuando nos paró el conductor y nos dijo que siguiéramos a uno de los camareros. Nos acabó llevando a una sala apartada del resto del grupo. Es decir, nos separó especialmente porque sabía que no íbamos a pagar esos precios desorbitados. Lo dicho, nos trajeron la carta y comenzó lo de siempre: el regateo. Al final, acabamos sacando un menú de 10 euros por 6, con agua incluida, pero costó lo suyo. La comida fue de las mejores y más completas, salimos relativamente contentos.

Después de dos días y una noche fuera de Marrakech, llegamos sobre las 19:30. Es curioso porque de acuerdo a lo establecido, llegábamos a las 17:00, pero las cosas funcionan como funcionan. Acompañados de un cansancio pronunciado, volvimos al hostal y tuvimos tiempo de descansar un rato. No teníamos cena, por lo que tocaba callejear por la plaza. Como explico a lo largo del relato, la energía de esa plaza es inconmensurable. Por la noche, montaban una serie de comercios para cenar, en forma de pasillo a lo largo de la plaza, donde podías comer pinchos morunos, tajines y cosas típicas marroquíes, a precios asequibles. Procedimos a meternos en el pasillo y el agobio era máximo, avanzabas un paso y venía un joven para que fueses a su bar. Era sumamente divertido, a la vez que agobiante. Son extremadamente pesados, incluso te cogen. Pero no se enfadan jamás. Si no tienes algo de picardía, te pillan y no te sueltan. Eran capaces de decirte cualquier cosa para seducirte:

“Barcelona, Messi, Barça, Visca Catalunya lliure, tenemos gambas de Palamós”

“Tenemos salchicha de Nacho Vidal, paquirrín”

“Antonio, Javier Bardem”

Se sabían el famoso poema infantil de:

“La lluna, la pruna,
Vestida de dol,
Sa mare la crida,
Son pare no ho vol.
La lluna, la pruna
i el sol matiner,”
sa mare la crida,
son pare també.

Son capaces de venderte y conseguirte cualquier cosa en cualquier momento. Saben todos los idiomas que uno se pueda imaginar. La sociedad marroquí es sumamente compleja. Me dignaré a comentar algunos aspectos. Quien me conoce sabe que mi formación es en ciencia política y relaciones internacionales, pero me encantan también los temas antropológicos y sociológicos. Si hablamos de multiculturalidad, tenemos que saber Marruecos es un país con una historia marcada por una connivencia cultural, en la que han pasado bereberes, árabes, cristianos, romanos, piratas, cartagineses y un largo etcétera. Todas estas influencias han configurado una sociedad única. En cuanto al origen étnico, en términos raciales, en Marruecos el color de piel es principalmente el típico del Magreb (café con leche), aunque también hay gente blanca y negros.

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El tema del género, es una cuestión imprescindible a comentar; quizás resulta polémica pero es un esfuerzo personal. En el mundo árabe, en líneas generales, la situación de la mujer es bastante peor que en Occidente, pese a que se va avanzando y existen muchas corrientes de feminismo árabe.  Marruecos es uno de los países más liberales -en cuanto a libertades- del mundo árabe y tiene una brecha de género del 60%, situándose en la posición 137. No me extenderé mucho en el tema, pero recomiendo un par de artículos, no con ganas de justificar, sino de ofrecer otras visiones. La narrativa Occidental, mostrada como una lucha constante por las libertades individuales, puede ser peligrosa a la hora de analizar a las relaciones de género en el mundo árabe.

Por ejemplo, el tema del Burka o los velos y la exposición de la mujer en sociedad. La mujer árabe, pese a que en Marruecos vimos a algunas occidentalizadas, suele ir tapada. Pero, ¿cómo interpretamos esto? La mujer árabe va tapada no únicamente por una cuestión cultural o una imposición patriarcal, sino también por una crítica y una manera diferente de ver la realidad. ¿Es tan libre la mujer occidental? Se preguntaba la mujer árabe. La cosificación de la mujer occidental es increíble; su diferenciación social es tremenda. Según como vista y como sea su aspecto, será catalogada de una manera. En lugares públicos el hombre está muchísimo más presente, en comercios, plazas y etcétera. Con estas argumentaciones no quiero caer simplemente en el “beneplácito de lo extranjero”, en el “la cultura es intocable”. No, no idealizo el papel de la mujer en el mundo árabe, al revés, creo tiene que haber un gran cambio. Pero es necesario, más allá de lo que uno considere, entender a los demás, a otras formas de pensar y transformar su realidad.

Capítulo 11: Mujtamae

Tras el cansancio de dos días recorriendo el sur de Marruecos, tomamos el último día para hacer algunas compras en el zoco. También tuvimos, después del desierto, la experiencia más impactante y curiosa, la visita a una Hammam tradicional, el baño público típico de las sociedades árabes, importante por su función social en materia de descanso y reunión, por ejemplo. Como siempre, no entraba dentro de los planes iniciales, pero preguntamos en el hostal y nos dijeron que había uno cercano.

Para entrar teníamos que comprar un jabón negro y una especie de toalla, además del euro que costaba entrar. Llegamos y nos quedamos anonadados. ¿Dónde carajo nos hemos metido? Nadie hablaba inglés o español y no sabíamos dónde estábamos. Pero mediante señas y expresiones logramos comunicarnos. La cuestión, estábamos en el hall, el vestuario, en el que teníamos que ponernos en calzoncillos para entrar a los baños. Estábamos sorprendidos pero a la vez emocionados. Las sensaciones extrañas y curiosas me encantan, son adictivas. Nos cambiamos y entramos. Se componía de tres salas conectadas entre sí y había grifos de agua caliente y fría. En el Hammam te daban un cubo rojo y un pequeño recipiente para jugar con el agua. Básicamente, en los Hammams tienes que echarte los utensilios y jabones comprados, mediante unas instrucciones, que aprendimos copiándonos de un marroquí. En los Hammams, los musulmanes se ayudan entre ellos, para rascarse con la toalla. Lo admito, la primera sensación fue: qué poco higiénico. Al cabo del rato lo acabas normalizando y te acaba gustando; te da la sensación de que te estás purificando. La mejor ducha de mi vida, salí como nuevo. Me llamó la atención una escena, en la que un padre limpiaba literalmente a su hijo. Le pegó un repaso increíble. Me preguntaba, ¿cuánto llevaría sin ducharse el niño?

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Capítulo 12: Televisión nómada

En la última noche antes de volver a Barcelona, el Riad invitó a cenar todos los huéspedes, creando así un ambiente festivo y una mejor imagen de la que ya nos llevábamos. Realmente, salimos muy contentos; el trato y los precios fueron inmejorables, de ahí que sea uno de los mejores calificados. Al día siguiente el vuelo salía a las 13:40 de la tarde, por lo que estuvimos dando la última vuelta por la Medina de Marrakech.

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Otros temas a comentar, aprovechando este último capítulo, es el papel del Estado y la economía del país, así como su actualidad política. Algo que nos llamó la atención fue la cantidad de mendigos y gente en condiciones infrahumanas que uno se encuentra por las calles. Es decir, en Marruecos el Estado del Bienestar o el Estado fuerte en temas sociales apenas existe, por lo que si estás en mala posición social lo tienes bastante crudo. Algo curioso, que me explicaba mi amigo marroquí occidental, es el hecho de que la gente no tiene que pagar impuestos por tener carretas ambulantes. Y comentando con mis colegas economistas -mis compañeros de viaje-, nos preguntábamos cómo debería funcionar el sistema impositivo en Marruecos.  El gasto público es aproximadamente del 30%.

Mirando otros indicadores, vimos que el Índice de Desarrollo Humano es bastante bajo, con un 0,62%. En lo que respecta a la economía de Marruecos, el país se ha convertido muy dependiente del turismo en los últimos años, representando el 50% del PIB por parte del sector servicios. La agricultura, por otro lado, da ocupación al 43% de la población pero únicamente produce el 14% del PIB. La población de Marruecos ha crecido espectacularmente, pasando de 10 millones en los años 50 hasta los casi 34 millones que tiene en la actualidad. Para finalizar, es necesario también comentar la estructura de la pirámide de su población, marcada por la gran cantidad de población joven.

En su condición de país pobre, Marruecos ha sufrido cambios importantes, debido principalmente al impacto de las Primaveras Árabes. El país, como explica Ben Jalloun, ha comenzado un proceso de reforma, incentivado por las revoluciones y por la llegada al trono de Mohamed VI en 1999. Se han mejorado en aspectos de Derechos Humanos, la prensa ha recuperado independencia, se ha creado un Código de la Familia para mejorar las condiciones de la mujer, infraestructuras, etc. Aun así, existen problemas muy graves en Marruecos, como la pobreza, el paro juvenil, el analfabetismo y la corrupción galopante. Marruecos podríamos dividirlo políticamente en dos. Un Marruecos profundo, monárquico, que controla la economía, la política exterior y la política interior. Y otro representando por el papel de otras instituciones políticas y de la sociedad civil. Desde las primaveras, el partido islamista moderado, Justicia y Desarrollo, ha logrado tener un papel más importante en la vida política del país, aun habiendo importantes dudas de su futura relación con el poder monárquico. La sociedad marroquí lleva años adoptando hábitos democráticos y el sinfín de organizaciones existentes lo corrobora. Algo imprescindible, de acuerdo a Andreu Claret, es evitar caricaturizar al mundo árabe como si no tuviese sociedad y todo girase en torno al estado. Marruecos es el país con más asociacionismo (en materia de derechos humanos, feminismo y bereberes, de modernización económica y desarrollo y de beneficiencia) del mundo árabe y su riqueza en este aspecto es increíble.

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Después de cuatro días intensos en Marruecos, tocaba volver, pasando por el moderno aeropuerto de Marrakech, el Menara. No quería volver, como siempre que estoy de viaje.

Por ello, no queda otra cosa que mirar la televisión nómada. Mirar al cielo y ver las estrellas.

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