Diario de un barrioviajero: visita exprés a Madrid

INTRODUCCIÓN

Después de cuatro meses barrioviajero vuelve con “Visita exprés a Madrid”, un diario más corto que los anteriores pero que sigue la lógica del diario de Marruecos, en el que se va explicando el recorrido, las anécdotas y los análisis mediante capítulos. En el siguiente diario encontraréis, sobre todo, una comparación constante entre Madrid y Barcelona, hablando de temas como la política, el turismo y la gastronomía, entre otras cosas, y como siempre, con algo de romanticismo y idealismo que caracteriza mis escritos. Una especial dedicación a Albert y Oriol (compañeros de viaje),  Idoia (fotografías) y Berta (portada del diario).

ÍNDICE

1. Zazusong
2. Paideía del viajero
3. Atravesando la península
4. Lujuria
5. Madrileando
6. Dejando rastro

1. ZAZUSONG

A lo largo de los años las personas vamos guardando a gente en nuestros corazones. Con el auge de las tecnologías de la información y la comunicación, mantener contacto hoy en día con tus allegados resulta mucho más fácil: un simple Whats ya basta. Sin embargo, todos sabemos que a las redes sociales, por mucho que las maquillemos de emoticonos, notas de voz, selfies o frases bonitas, les faltará siempre una cosa: humanidad. Eso que se da cuando se construye una relación humana. No pretendo menospreciar el papel de Internet como herramienta socializadora; al fin y al cabo, detrás de cada perfil hay siempre una persona.

La cuestión recae en que este viaje exprés a Madrid ha estado basado en eso. Reavivar amistades que por motivos varios, como la distancia o los estilos de vida, se habían frenado. Este diario no pretende ser un ensayo sobre la amistad, pero es complicado no dejarse llevar por la emoción de viajar y de reencontrarte para rememorar el pasado con ex-compañeros de la carrera, y sobre todo, de ser capaz de disfrutar el efímero presente. De toda la gente que se llega a conocer en todas las etapas vitales, solamente algunas son las que te marcan. Unas te influyen más que otras. También se pueden perder en el tiempo. Otras te acompañan.

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Por todo esto, tanto mi amigo y yo llegamos eufóricos a Madrid con ganas de comernos a la ciudad. Este pequeño viaje representaba un reencuentro necesario y vitalizador junto a mis dos de mis mejores amigos de la carrera, para darse cuenta de la importancia de las amistades, la política, la inspiración y los proyectos vitales. Que por cierto, más de un trabajo de los publicados en este blog ha sido obra de los tres. Podría decir que en cierta manera este blog, que ya tiene cuatro años, se comenzó a crear en base a trabajos como esos. Incluso mis colegas me han dicho alguna vez que han consultado el blog para rememorar o incluso para usarlo con otros fines.

2. PAIDEÍA DEL VIAJERO

Este viaje representa mi tercera visita a Madrid en casi 23 años de existencia. Fui cuando era pequeño, en la típica visita cultural-familiar, y hace tres años para las Marchas de la Dignidad, de las cuales realicé un pequeño embrión de Diario de un barrioviajero, echadle un vistazo. Es un relato cronológico de esa espectacular manifestación. Como dije: “Llevaba más de diez años sin visitar la capital y se me presentó esta candente oportunidad: subir en bloque desde Catalunya para dar apoyo a las manifestaciones. Lo cierto es, que, pese a la corta estancia en la ciudad –un solo día- pude disfrutar de un magnífico ambiente”. La crónica de las Marchas de la Dignidad tenía ya algunos aspectos embrionarios de barrioviajero. Cosas curiosas como el hecho de quejarse de la incomodidad, de la altura y del no dormir. También hay bastante comentario político, descripción del lugar y humor.

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En esta ocasión, visitar Madrid vuelve a tener, en cierta manera, un sentido político, al igual que lo fue Cuba. Por varias razones: mi interés por la política, mi activismo -ahora más pausado- y mis compañeros de viaje. Así que no le llamaría turismo revolucionario como dice mi abuelo, sino algo como Madrid alternativo. Dentro del idealismo del viajero, de esa devoción por el alternativismo y el consumo y la costumbre local, pude cumplir más o menos con el espíritu barrioviajero; esa paideía constante que tiene uno cuando sale de su zona de confort. Han pasado años y cada vez tengo más ganar de escribir y relatar experiencias.

3. ATRAVESANDO LA PENÍNSULA

No hacía falta preparar gran cosa para apenas dos días. Es por ello que fui con la mochila medio vacía. Únicamente necesitábamos dos cosas: dormir y transporte. El “qué visitar” se ocupaba nuestro amigo residente en Madrid. Aquí comenzó uno de los dilemas, ya que dormir en Madrid es caro, o eso me pareció. Acostumbrado a dormir por una media de diez euros cuando viajo, tener que pagar veinte fastidia bastante. Una mezcla entre pereza, estrés y falta de voluntad me hicieron escoger un piso mediante la plataforma Wimdu, una especie de Airbnb más cutre. Yo quería ir de Hostal, pero no quedaban plazas y encima era carísimo. Además, entraron en mi mente debates acerca del modelo turístico imperante.

Acabé pagando el piso, sin mirar si quiera dónde estaba, ya que necesitábamos un lugar dónde dormir. Según los mapas, estaba bastante alejado del centro, en una zona más periférica. La descripción de Edouard, el dueño del piso, era la siguiente: “Me gusta jamón serrano , queso, curado , vino tinto y buena compañía !”. Curioso. Y aquí también quería poner otro debate en la mesa. ¿Es necesario hospedarse en el centro de las ciudades cuando se viaja? ¿Cuestiones de comodidad? ¿Estar en otra zona no te da oportunidad a conocer ligeramente otra realidad de las ciudades?

En segundo lugar, tocaba ver como ir hasta allí. Las opciones eran bastante poco económicas. Bus caro e incómodo. AVE sin comentarios (carísimo). Avión caro también. Por lo que decidimos ir en BlaBlaCar, en el coche de mi amigo. Era de las opciones duras, sobre todo para mi amigo que conducía, pero prácticamente nos salió gratuito. Utilizamos eso a lo que llaman economía colaborativa (búscalo en google, que no sé explicarlo), compartiendo gastos entre mi amigo y las dos mujeres que vinieron con nosotros en el trayecto. Casualmente a una la conocía, había estudiado con ella en el bachillerato; el mundo es un pañuelo.

Partimos hacia Madrid sobre las 16:00 de la tarde. Nos esperaba un largo trayecto, en el que doritos, aquarius y kinder buenos nos acompañaron. Una combinación explosiva. Conforme uno se aleja de Barcelona va observando el descenso brutal de las temperaturas, más aun cuando uno va por las zonas más frías de España. Cuando pasamos por Soria estábamos a cero grados. Encima nos cayó una fuerte tormenta. Pero llegamos, a las 22:30, a la estación de Atocha, donde nos esperaba nuestro amigo. Lo recogimos, después de un fuerte abrazo, y nos dirigimos hacia nuestro piso, con el GPS, ya que Madrid, a priori, es más caótica en cuanto a estructura urbana que Barcelona.

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El piso estaba en calle de los Perales (el nombre me causaba una sensación lejana y pueblerina), perdida en las afueras de Madrid, cercana al Hospital 12 de Octubre, en el barrio de San Fermín. No estaba tan lejos realmente, pero la era una zona un poco abandonada, rodeada de carreteras, y por la noche no era especialmente agradable. Aparcamos el coche, nos perdimos, pero al fin lleguamos a casa de Edouard. Era un ruso gigante un tanto estrambótico, bastante mal hablado, con un acento divertido pero muy simpático. Nos enseñó el piso, dejamos la cosas y fuimos a tomar algo “de tranquis” por la noche madrileña.

4. LUJURIA

Con ganas de hablar de nuestras cosas (política, proyectos, fiestas, gente, relaciones y un largo etcétera) fuimos al barrio hipster de Malasaña en el centro de Madrid, una especie de Born (Barcelona). Nuestro colega nos llevó a El Tigre, un sitio donde por una jarra de cerveza de medio litro y un plato grande de bravas o tostas de pan con jamón y demás te cuesta únicamente 5 euros. Es decir, cosas que en Barcelona no existen. En Madrid se come mejor y lo veremos a lo largo del escrito, cosa que también nos advirtió positivamente prácticamente todo el mundo. El sitio es uno de lugares emblemáticos de la comida madrileña. Incluso llegando tarde (a las 24:00) estaba bastante lleno. Me sorprendió una cosa: el suelo estaba completamente lleno de servilletas, una de las tradiciones de los bares de Madrid; no usar la papelera en los bares. No sé hasta qué punto es cuestión de educación, guarrería o cultura, pero por lo que se ve es lo común. Y yo como suelo decir: la higiene está sobrevalorada.

Seguidamente, fuimos a un bar discoteca enfrente a tomar unas cervezas, hasta que acabamos en la discoteca Lujuria, en el barrio de Chamberí, para acabar bailando los clásicos del reguetón y la rumba hasta altas horas de la noche. Nuestro amigo, activo políticamente, nos hizo una radiografía del movimiento político y estudiantil de Madrid, para hacer los paralelismos con el catalán. De hecho, esta discoteca era una especie de feudo de Podemos.

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Realmente el rollo político que se lleva en Madrid es bastante diferente, pero está marcado por una cosa fundamental, el eje nacional (independentismo vs unionismo) no existe. Allí solamente existe el eje izquierda-derecha, mientras que en Cataluña, y concretamente en Barcelona, el eje nacional y el eje izq-der se entrelaza y discute constantemente. Por ello, aquí en Cataluña se tiene que lidiar con un doble problema, o también quizás, con una doble oportunidad.

Por ejemplo, Podemos en Madrid está mucho más arraigado como un grupo constituido, mientras que en Barcelona no existe, o aparece en forma de confluencias varias tipo En Comú Podem, Catalunya Sí Que Es Pot o Barcelona En Comú. Muchos dirán que se tratan de marcas blancas, pero no dejan de estar afectadas por el eje nacional, recordemos. Y aun así, se mueven relativamente independiente al Podemos centralizado de Madrid. Lo más parecido a la CUP serían el movimiento Yesca, aunque siendo más kinkis que el perfil de la CUP (clases medias universitarias).

Después de esta pequeña radiografía de la política izquierdosa madrileña, solamente me queda decir, respecto a esa noche, que acabamos en los famosos papizza (restaurantes de comida rápida de pizza que están por todo Madrid) y volvimos a los Perales. Me llamó la atención que en la ciudad hay mucho negocio abierto las 24h y hay enormes pantallas por el centro.

5. MADRILEANDO

Nos levantamos resacosos y apenas dormimos, pero la euforia del viajero puede con todo. Por ello, quedamos a las 14:00 con nuestro colega, que durmió en su piso alquilado en La Latina, en la plaza del Sol (el equivalente a Plaza Cataluña), en la famosa estatua del Oso. Allí estaban las feministas luchando por la violencia de género que llevaban ya tiempo en huelga de hambre y que habían sido multadas recientemente. Nos tomamos el bocata típico de calamares madrileño, que jamás había probado, y que me resultó buenísimo. Incluso me pedí dos. Es una tradición que como buen visitante a Madrid uno tiene que probar dicho bocata. Sabemos que el madrileño no se lo tomará allí, sino en el bar de al lado de su casa. Como dice el abuelo de un amigo mío: “El mejor marisco de España se encuentra en Madrid. Se pesca de madrugada en las costas gallegas y es transportado en camiones hasta la capital”. 

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Seguimos volteando el bonito centro de Madrid y quedamos con otros dos amigos, que por casualidad, también andaban viendo a una amiga. Pura coincidencia. Quedamos con ellos y fuimos al bonito y clásico barrio de Lavapiés, el Raval madrileño. Quizás el barrio más interesante y reivindicativo junto a Vallecas. Un lugar donde se combinaban los grafitis reivindicativos, los centros culturales y la inmigración. Y que por suerte, parecía no estar gentrificado por los barbudos con gafas de pasta. Estuvimos descansando y tomando unas cervecitas y nos alejamos del agobiante centro de Madrid.

Un aspecto que me llamó la atención de Madrid, en contraste a Barcelona, es el transporte y las comunicaciones. Es mucho más laberíntico y grande, mientras que la ciudad condal es realmente muy fácil situarse debido a la estructura de las calles (cuadriculadas). En este sentido, Madrid es abierta, con calles anchas y grandes espacios y parques, cosa que Barcelona es todo lo contrario, estrecha y cerrada. Básicamente por una cuestión geográfica. En cuanto a las comunicaciones, Barcelona resulta mucho más cómoda, tanto por el sistema de metros como el de buses. Pasan más frecuentemente y el metro funciona los sábados toda la noche, cosa que en Madrid no. La capital no es una ciudad habilitada para las bicicletas, ni para las motos, cosa que convierte al coche en el medio de transporte no público por antonomasia.

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Después de pasear por Lavapiés, el barrio que me gustó más, seguimos por el centro de Madrid hasta llegar al famoso barrio de Chueca -el barrio gay de Madrid-, también gentrificado, para tomar algo. El camarero que nos atendió, de nuestra edad, resultó simpático pero también tenía un toque de chulería. Y es que eso, según dicen y pude constatar ligeramente, el madrileño es más chulo y más abierto que el barcelonés. Aunque Barcelona sea más turística, concentrada, cosmopolita y europea, en Madrid la gente es más abierta y sociable.

Eso que dicen de que los catalanes somos bordes no estoy del todo de acuerdo, pero tacaños sí, por lo menos más que ellos. Y es que los tópicos configuran la esencia. Mi amigo me explicaba, por ejemplo, que para el botellón usaban un bote común para comprarlo todo, cosa que me sorprendió. Y ojo, beber alcohol en la calles de Madrid supone una multa de 300 euros, mientras que en Barcelona solamente 12,5. Eso sí, en Barcelona multan a todo el mundo.

El próximo destino era ir a Vallecas (o Vallekas), el enorme barrio obrero e izquierdista de Madrid, conocido por todo el Estado español por su asociacionismo y combatividad, y por la afición del Rallo Vallecano, los famosos Bukaneros, pintados como violentos por los medios de comunicación pero con una gran influencia en el movimiento vecinal vallecano. De alguna manera, Vallecas tiene una similitud con Nou Barris en Barcelona, en lo que concierne a su lucha vecinal constante y a su condición geográfica (periférica). Un auténtico feudo en comparación a los barrios residenciales y ciudades del norte de Madrid.

Fuimos a Vallecas para un concierto en el Centro Social Okupado Juvenil Atalaya, un enorme colegio ocupado en el que se desarrollan todo tipo de actividades, como relacionadas con el deporte (boxeo, autodefensa femenina, etc), lúdicas (ajedrez, malabares, etc), conciertos y demás. Coincidiendo con mi estancia, asistimos al concierto antirepresivo que dió Sons of Aguirre, un grupo de rap parodia neoliberal, para recaudar fondos para el juicio de Néstor, el cuál le piden tres años de cárcel debido a acciones de la última huelga general.

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El concierto estuvo chulísimo, aquí os dejo los vídeos que grabé. Comida y bebida barata y buen ambiente en la noche vallekana. Luego de eso fuimos a la Sala Hebe de Vallecas, un sitio mítico del barrio, en el que se han dado más de 3000 conciertos, cuna del movimiento rockero español, por el que han pasado Marea, Ska-P y Boikot, entre otros. Y definitivamente volvimos a casa del ruso.

6. DEJANDO RASTRO

Nos levantó el ruso para echarnos, ya que el check out era a las 11. Así que deprisa y corriendo, abandonamos la corta estancia en el barrio de San Fermín, por lo que pillamos el coche y fuimos hacia el famoso mercado callejero El Rastro. Este mercadillo, con más de 400 años de antigüedad, es uno de los quehaceres turísticos y de los madrileños los domingos al mediodía en La Latina, otro bonito barrio. Es impresionante lo que se llega a llenar y puedes encontrar prácticamente de todo, a precios asequibles. Me compré una linda sudadera por 10 euros y tuve la sensación de “esto en Barcelona no lo encuentro”.

Por casualidades de la vida, después de recorrernos el enorme rastro, llegamos a parar a un bar que se llamaba algo así como el “Mesón extremeño” y que ofrecía unas exquisitas tapas por tres euros. Y eso es una cosa que falta en Barcelona, el comer bien. La ciudad condal será buena en unas cosas, pero en lo que respecta a comer, lo tradicional se ha perdido, y cuesta encontrar sitios decentes que no te cobren una millonada. Mientras que en Madrid, incluso en el centro y en un lugar turístico, encuentras ciertos chollos. La cultura del tapeo está mucho más extendida; las familias salen de tapas como algo habitual; en Barcelona no suele ser lo normal.

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Después de dos días en Madrid nos tocó volver, y pese al poco tiempo que estuvimos, lo disfrutamos al máximo y nos lo pasamos genial, en el que probamos un poquito de todo. No vimos ni El Retiro, ni el museo del Prado ni mil cosas famosas, pero me quedo mil veces más con ver una ciudad de manera “alternativa”. Madrid es una ciudad más kinki, más señorial, más abierta, más barata, mucho más grande, con la gente más abierta, menos turística, más humilde, más clásica. Barcelona es una ciudad más moderna, más europea, más pequeña, más turística, más cómoda y más bonita. Cada una de ellas tiene sus ventajas e inconvenientes, pero sin lugar a dudas, Madrid es impresionante y me enamoró.

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